Olivar, vol. 25, núm. 39, e152, mayo-octubre 2026. ISSN 1852-4478
Universidad Nacional de La Plata
Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación
IdIHCS (UNLP-CONICET). Centro de Estudios de Teoría y Crítica Literaria

Artículos

El barco y la brújula. El Sinaia y su diario como cronotopo del exilio

Jörg Dünne
Humboldt-Universität zu Berlin, Alemania
Cita recomendada: Dünne, J. (2026). El barco y la brújula. El Sinaia y su diario como cronotopo del exilio. Olivar, 25(39), e152. https://doi.org/10.24215/18524478e152

Resumen: El artículo analiza el barco Sinaia y su diario como un cronotopo del exilio republicano español, según la teoría de Mijaíl Bajtín. El viaje del Sinaia entre Francia y México en mayo y junio de 1939, con alrededor de 1.600 refugiados, se convierte en una experiencia espacio-temporal de transición marcada por la ambivalencia entre libertad y control. El diario del barco, publicado en 18 ediciones, no solo documenta el trayecto, sino que configura una comunidad en formación, mezclando proyecciones políticas, memoria colectiva y tensiones entre el pasado traumático y el futuro incierto. A través de su formato de periódico, el diario sincroniza el presente del viaje con el mundo exterior mediante noticias globales y mapas. Sin embargo, el barco también funciona como una topografía de la memoria fantasmática que no deja de evocar la guerra y los campos de concentración. La experiencia del Sinaia emerge así como un “hetero-cronotopo”, un espacio híbrido donde se superponen múltiples memorias, proyectos políticos y relaciones de poder, lo que demuestra que el exilio no se inventa desde un vacío, sino desde un entramado complejo de medios de trasporte, medios de comunicación y cuerpos humanos.

Palabras clave: Exilio republicano español, Barcos de la libertad, Cronotopo, Diario, Memoria.

The Ship and the Compass: The Sinaia and Its Logbook as a Chronotope of Exile

Abstract: This article examines the ship Sinaia and its newspaper as a chronotope of Spanish Republican exile, following Mikhail Bakhtin’s theory. The voyage from France to Mexico in May and June 1939, carrying around 1600 refugees, becomes a transitional space-time marked by ambivalence between freedom and control. The ship’s newspaper, published in 18 issues, not only documents the journey but also shapes a community in the making, blending political projections, collective memory, and tensions between traumatic past and uncertain future. Through its periodical format, the newspaper synchronizes the voyage’s present with the global world via news and maps. Yet the ship’s paper also functions as a phantasmatic topography of memory that never ceases to evoke the civil war and the concentration camps. The Sinaia thus emerges as a “hetero-chrotonope”, a hybrid space where multiple memories, political projects, and power relations converge, demonstrating that exile cannot be invented from a void but only from a complex entanglement of networks of transportation, communication, and human bodies.

Keywords: Spanish Republican Exile, Boats of Freedom, Chronotope, Newspaper, Memory.

1. ¿Los “barcos de la libertad” como cronotopo del exilio republicano español?

La pregunta central que se plantea en este texto1 consiste en averiguar si los llamados “barcos de la libertad” pueden describirse como un “cronotopo” característico del exilio republicano español en el sentido de Mijaíl Bajtín (1989), es decir, como una configuración espacio-temporal paradigmática que describe la situación del exilio no solo de manera espacial (en cuanto al hecho de estar en un lugar lejos del país natal), sino también de manera temporal (por ejemplo, con respecto a un estado de espera o de transición). La particularidad de la teoría de Bajtín consiste en que trata el cronotopo no solo a nivel referencial de la experiencia vivida del exilio, sino también a nivel formal. Un cronotopo literario presenta ciertos rasgos formales que Bajtín describe en términos de género literario. Según el crítico ruso, el cronotopo de la aventura (con su espacialidad y temporalidad abstracta) está ligado a la novela griega y la novela de caballerías. El cronotopo del camino, que ofrece posibilidades de encuentros fortuitos, es típico de la picaresca. A su vez, el lugar del castillo como reducto del pasado se refiere a la gothic novel, mientras que el salón es un lugar central del realismo y del naturalismo francés del siglo XIX, con sus tramas de ascensión social en la sociedad moderna, etc. Así, para Bajtín, cualquier estructura espacial y temporal corresponde a ciertos rasgos formales de un género literario. Extendiendo las categorías formales de Bajtín desde los géneros literarios hasta los formatos de publicación, quisiera, en lo que sigue, plantear la pregunta de si, a través del concepto de cronotopo, se puede relacionar la experiencia que se hace del exilio incipiente en los barcos con las gacetas que se publican a bordo de estos.

Varios estudios críticos han analizado el importante papel que jugaron las revistas y otras publicaciones periódicas en la expresión literaria e intelectual del exilio republicano (Glondys, 2018). Aquí, sin embargo, no me refiero a las revistas que se publicaron en los diferentes países en América Latina por iniciativa de autores españoles, sino a un fenómeno mucho más efímero, a saber, las gacetas que aparecieron en los primeros barcos del exilio y que establecieron una relación inmediata entre el formato del periódico y el viaje de España a México u otros países de exilio (González Neira, 2018). Como ejemplo, quisiera tomar el Sinaia, el primero de estos barcos que salió de la ciudad francesa de Sète el 25 de mayo de 1939 para llegar a Veracruz en México el 13 de junio del mismo año. En ese buque de vapor iban alrededor de 1600 refugiados españoles, entre ellos muchos intelectuales conocidos, en un viaje organizado por el SERE (Servicio de Evacuación de Refugiados Españoles) y la organización homóloga en México, el CTARE (Comité Técnico de Ayuda a los Refugiados Españoles), como resultado de la oferta del presidente mexicano Lázaro Cárdenas de aceptar los refugiados españoles en su país (acerca de la historia de los barcos de la libertad en general, ver: Simón y Calle 2006).

El Sinaia fue el primero de tres buques de vapor (los otros eran el Ipanema y el Mexique) que llevaron en total a poco menos de 5000 personas a México. El pasaje de estos tres buques se ha vuelto emblemático como un momento muy particular del exilio español republicano que se sitúa en un entre-espacio y también en un intervalo temporal entre el éxodo de España, los campos de concentración, sobre todo en el sur de Francia, y el asentamiento en México (que, según se suponía, debía durar poco tiempo, pero que, para muchos de los exiliados, duró muchos años y, para algunos, hasta el final de su vida).

Los barcos del exilio como el Sinaia se prestan para una aproximación bajtiniana a la literatura del exilio mediante la noción del cronotopo, en la medida en que “Sinaia” fue no solo el nombre de un barco, sino también el nombre de un periódico que tuvo 18 ediciones y que acompañó a los viajeros, como un diario de bordo, durante la duración entera de su travesía del Atlántico, con números cada día más extensos (la primera edición contiene solo tres páginas y la última, es decir, el número 18, más de veinte).2 ¿Cuál era entonces la relación entre la experiencia del espacio-tiempo vivido en el barco (tal como se puede reconstruir a partir de testimonios y documentos escritos) y el formato de un diario de bordo destinado a todos sus pasajeros? ¿En qué sentido se condensa en la gaceta del Sinaia la situación vivida en el barco, cómo se configura esta experiencia a partir del diario y cuáles son posiblemente las ambivalencias y las contradicciones que se pueden observar a partir de la cobertura periodística del viaje hacia México?

En cuanto a los estudios sobre los barcos del exilio y sus diarios que abordan directamente cuestiones espacio-temporales, cabe mencionar sobre todo el estudio de Mónica Jato (2019) sobre la “topología cultural del exilio”, que me sirvió como punto de partida para mis propias reflexiones, aunque Jato no trabaja con la terminología de Bajtín. Se trata de un sugestivo análisis que presenta los barcos del exilio como un lugar heterotópico, apoyándose en Michel Foucault (1994a) y su descripción de la nave como “heterotopía por excelencia” (citado en: Jato, 2019, p. 84). Según Jato, los barcos del exilio son un “lugar intermedio” entre el ou-topos, el ningún lugar (o no-lugar), y el eu-topos, el buen lugar” (2019, p. 85); a veces incluso se transforman en las “naves de los locos” (2019, pp. 114-128) donde el optimismo oficial se convierte en la intuición de que se trata de un viaje sin rumbo de refugiados indefensos.

Tales tensiones en la percepción del cronotopo del barco se pueden ver en el complejo entramado del conjunto de textos que surgen del viaje en los barcos, desde los diarios personales hasta los recuerdos posteriores de pasajeros como el filósofo Adolfo Sánchez Vázquez (1997) o los testimonios orales de varios pasajeros de los barcos (recogidos por: Ruiz Funes y Tuñón, 1982). Pero la complejidad de este lugar entremedio en varios sentidos ya se puede detectar en la gaceta del Sinaia mismo. El entre-lugar del exilio aparece de manera temática, por ejemplo, en el conocido poema “Entre España y México” de Pedro Garfias en el último número del Sinaia (n.° 18, p. 19), pero también en algunos aspectos formales y técnicos de la enunciación periodística y de la distribución de la gaceta entre los pasajeros. Se nota que la nueva comunidad de exiliados que debe constituirse de manera performativa en el barco se ve, por un lado, confrontada con múltiples huellas del pasado reciente y, por el otro, integrada en un dispositivo gubernamental que presenta algunas similitudes entre la situación presente y el espacio carcelario de los campos de concentración. Así, el trabajo político-pedagógico que sirve para preparar a los pasajeros para su nueva vida en México tiene también ciertos rasgos de un dispositivo de control social que se ejerce sobre cada cuerpo humano en el barco.

En este contexto, no es indiferente el hecho de que el nombre propio “Sinaia” se refiera a tres entidades diferentes. Como ya se ha mencionado, “Sinaia” es, primero, el nombre del buque a vapor que lleva a los pasajeros españoles a México;3 segundo, se llama así el diario de bordo que aparece en 18 números en este viaje; y, tercero, “Sinaia” es también el nombre de una niña que nace en el viaje y que es bautizada “Susana Sinaia Caparrós Cruz” (ver la noticia en el n.o 7, p. 2). Existe, entonces, una cadena metonímica que conecta el barco, el diario y el cuerpo humano en el cronotopo del viaje al exilio mexicano, lo que nos recuerda que los medios de transporte, los medios de comunicación y los efectos biopolíticos que estos dos dispositivos tienen en los cuerpos humanos no pueden separarse. Los análisis que siguen tienen en cuenta este triple enlazamiento.

2. Mar y matriz: el barco y el periódico

Existe una correspondencia casi total entre el tiempo de viaje del barco Sinaia y el tiempo de publicación del diario del mismo nombre, es decir, que desde el segundo hasta el penúltimo día del viaje en el buque aparecen a ritmo diario los 18 números del periódico. ¿Cómo es posible esto en un ambiente donde falta la infraestructura que normalmente se necesita para editar y hacer circular un periódico o una revista a altas tiradas?

El dispositivo técnico utilizado para publicar el diario fueron un par de máquinas de escribir francesas y un aparato llamado ciclostil o mimeógrafo (Sánchez Cuervo, 2013, p. 13). El prototipo del mimeógrafo había sido patentado por Thomas Alva Edison ya en los años ochenta del siglo XIX y se estableció desde inicios del siglo XX como método rápido y sencillo para producir un gran número de copias a partir de una hoja mecanografiada (Tillack, 2021). De manera comparable a las revistas escritas a mano en los campos de concentración (como, por ejemplo, la revista Exilio, publicada en el campo de Bram en 1939), la mimeografía permite también la yuxtaposición de elementos autógrafos, tales como dibujos, retratos y caricaturas, y escritos a máquina, lo que da una gran flexibilidad en el diseño de cada página.

Para publicar un número de la gaceta, cada página debía ser producida en una matriz llamada “esténcil” impregnada con tinta por una de sus caras. En un sentido técnico, parece que tal matriz permitía la inscripción rápida y económica en un “mar de tinta” que corresponde de manera metafórica al mar de agua que atraviesa el buque, así que estamos frente a una doble “escena de origen”, tipográfica y geográfica, que evoca el hecho de estriar un espacio liso en el sentido de Gilles Deleuze y Félix Guattari (1980, pp. 592-625), así que el mar aparece a la vez como matriz para la escritura del diario. Pero, ¿es cierto que se trata de una creación más o menos espontánea y que nace, como escribe Benjamín Jarnés en su artículo “Contra la nostalgia” (Sinaia, n.o 3, p. 2), en un “paréntesis vacío entre dos vidas”? De hecho, según lo que se sabe sobre la producción del periódico (Ruiz Funes y Tuñón, 1982, pp. 67 ss.; Sánchez Cuervo, 2023; Schieder, 2023), a cargo de varios escritores y artistas que se encuentran a bordo, entre ellos Juan Rejano como “director literario”, Pedro Garfias y Benjamín Jarnés, y los ilustradores y caricaturistas José Bardasano, Germán Horacio y Ramón Peinador, el diario del Sinaia no nació de manera espontánea. Se trata de una empresa bien preparada de antemano por una figura central en la organización de los “barcos de la libertad”, a saber, por Susana Gamboa, que, junto a su marido Fernando Gamboa, trabajaba para el SERE y actuaba como la representante oficial de México en el Sinaia. No solo Gamboa trajo la infraestructura técnica para la publicación del diario, sino que también organizó una serie de conferencias a bordo sobre el México bajo el gobierno del presidente Cárdenas.4

En este sentido, el diario del Sinaia se ve marcado claramente por un proyecto pedagógico-político de “gubernamentalidad” (Foucault, 1994b). En vez de surgir de un vacío y de constituir un orden puramente imaginario, el espacio material y discursivo configurado por el barco y su gaceta se presenta desde el inicio como un espacio de poder y de control (lo que se ve hasta en los detalles de la vida de a bordo, como, por ejemplo, en los comentarios acerca del consumo excesivo de agua por los pasajeros del Sinaia; ver: Sinaia, n.o 4, p. 4). En lo que sigue, se describirán algunos aspectos de la organización espacio-temporal del mundo de los exiliados en el barco, tanto en su relación con el exterior como en su organización interior.

3. Sincronización: el Sinaia y su relación con el mundo exterior

Figura 1
El barco y la brújula
El barco y la brújula
Fuente: Portada del Sinaia (1), 1.

La página de título del diario utiliza como emblema la brújula (Sinaia, n.o 1, p. 1, passim; ver Figura 1), que se emplea en la ilustración del diario junto a otras formas de representación visual conectadas con la geografía marítima. En las ediciones del diario, aparecen varios mapas que indican con una flechita la posición (más o menos) actual del buque en su travesía del Atlántico (Sinaia, n.o 6, p. 2). Tales marcas deícticas del momento presente y del lugar actual dan cuenta de un constante esfuerzo de sincronización entre escritura y mundo, y esto no solo respecto al ambiente cercano de la vida de a bordo, sino también respecto al mundo exterior. Cada pasajero del Sinaia debía tener la impresión de que, leyendo el diario, se encontraba sincronizado con este mundo desde un punto de observación privilegiado en medio del Atlántico.

Como ejemplo, quisiera mencionar aquí la columna “Lo que pasa en el mundo”, que aparecía en cada número del Sinaia y se distingue de manera visual con una representación del topos de la geografía como “historiae oculus” [“el ojo de la historia”] (ver: Sinaia, n.o 3, p. 1, passim; y Figura 2).5 Pero, más allá de la totalidad más bien abstracta que forman la geografía y la historia en la temprana modernidad, la columna del Sinaia, como es el caso para cualquier periódico diario impreso en el siglo XX, tiende a la sincronización global de acontecimientos muy precisos, como en el ejemplo de la primera página de la tercera edición, donde se da a conocer lo que pasa “en este momento” en Londres en el mismo plano espacio-temporal que la posición del buque que se encuentra, según el pequeño campo de texto al pie de la página, “a las nueve horas … y 50 Kms. de la isla Madera” (ver: Sinaia, n.o 3, p. 1).

Figura 2
El ojo de la historia
El ojo de la historia
Fuente: Ilustración de la columna “Lo que pasa en el mundo”, Sinaia, (3), 1).

La condición de posibilidad técnica de tal impresión de sincronicidad universal es, por supuesto, la telegrafía, que permite al historiador Ramón Iglesia Parga establecer para esta columna una selección de noticias del mundo entero, muchas de las cuales están relacionadas con la amenaza ya cercana de la guerra mundial que iba a estallar pocos meses después. Posiblemente, el interés por la posicionalidad atlántica de los pasajeros se deba aún en parte a la fascinación del uso poético que hacen las vanguardias de la “imaginación sin hilos”, como la llaman los futuristas a partir del “Manifiesto técnico de la literatura” de F. T. Marinetti (1912; ver: Gallo, 2005), pero también a las amenazas geopolíticas del momento histórico presente, que cada vez se vuelven más urgentes.

Hay también momentos en los cuales la telegrafía aparece de manera explícita en las páginas del Sinaia, por ejemplo, cuando se dibujan las ondas telegráficas emitidas por la “Compagnie radio-maritime” para presentar en una página del n.º 12 del diario unos saludos solidarios de los “antifascistas españoles de Puerto Rico” cuando el Sinaia pasa cerca (Sinaia, n.o 12, p. 1). La página del diario evoca así una situación híbrida entre la relativa cercanía geográfica y una solidaridad que pretende, gracias a la telegrafía, superar cualquier obstáculo en el espacio físico. Por esta mezcla entre solidaridad local y universalismo, entre reterritorialización y desterritorialización, hasta se puede afirmar, aunque de manera algo anacrónica, que el diario del Sinaia crea algo como una “burbuja mediática” en el sentido que usamos en la actualidad para hablar de los medios sociales: frente a la amenaza global del fascismo, se conjura en el Sinaia una red de solidaridad antifascista que parece sólida, pero cuya precariedad se puede adivinar fácilmente entre líneas.6

En suma, la sincronización de la situación espacio-temporal con el mundo exterior debe permitir a los pasajeros de los “barcos de la libertad” una proyección hacia un futuro que se enfrenta a las amenazas de la guerra en España que se termina y la otra guerra que se anuncia. También por eso, el ya mencionado artículo de Benjamín Jarnés sueña con píldoras contra la nostalgia, tal como existen píldoras contra el mareo (Sinaia, n.o 3, p. 2). Pero no es tan fácil dejar atrás la memoria de un pasado que renace de manera fantasmática en medio del barco mismo, tal como quisiera mostrar en la última parte de mis reflexiones.

4. Memoria fantasmática: la organización del espacio interior

Como contrapunto a la columna “Lo que pasa en el mundo”, figura desde el primer número del diario del Sinaia la columna “Lo que pasa a bordo”, así que las noticias del diario se estructuran según una clara oposición entre el mundo exterior y el interior, entre kosmos y oikos, aun si existen, como se verá a continuación, ciertas analogías entre el macro- y el microcosmos náutico.

Mientras la experiencia del kosmos intenta proyectarse, aunque de manera precaria, hacia un futuro mexicano, la experiencia del oikos deja aparecer de varias maneras un pasado que acecha el momento presente y la organización de la vida a bordo: el barco –al menos esta es la hipótesis que quisiera proponer en base a mi lectura, que va en contra de la ideología explícita del diario– se vuelve un teatro de la memoria fantasmática que deja aparecer como un palimpsesto diversas huellas del pasado de la guerra y de la patria perdida.

Otra vez, el presente de la vida en el barco no es sencillamente una tabula rasa, un lugar “vacío”: Hay que considerar que con el barco viaja también lo reprimido en un sentido psicoanalítico. Quien lo nota es un pasajero del Sinaia, un joven estudiante de medicina de 22 años que, en su respuesta a la encuesta sobre cómo mantener la unidad de los españoles, expresa sus observaciones sobre la dimensión psíquica del viaje. En un vocabulario un poco formal que busca la neutralidad del lenguaje científico, dice: “El viaje es, además, una cura psicológica que debe borrar los recuerdos hirientes, la irritabilidad heredada de la contienda, el régimen de la concentración, de la obsesión del porvenir incierto, en otros casos de la nostalgia familiar” (Sinaia, n.o 12, p. 3).

Es evidente que el deseo de borrar por completo tales recuerdos no puede ser exitoso, y por eso, es significativo que la ocupación del espacio del barco no pueda ser disociada de los recuerdos nostálgicos de la patria perdida, por un lado, y, por el otro, tampoco de los recuerdos de un mundo concentracionario que muchos de los exiliados conocían antes de ser pasajeros del Sinaia.

Quisiera dar dos ejemplos. En el sexto número del diario aparece una nota que lleva el título “Madrid en el Sinaia”:

Como el Sinaia es una pequeña ciudad, el ingenio popular ha bautizado sus calles. He aquí algunos ejemplos: Al puente A, donde toca la Banda del maestro Oropesa, lo llaman el “Paseo de Rosales”. A la Cubierta B, banda babor, “la Gran Vía”. A la Cubierta de estribor, calle de “Alcalá”. Camarotes y salones de primera reciben el calificativo de “Barrio de Salamanca”. El puente A es la “Plaza del Lavapiés” (Los castizos juegan al “mus” y los chaveas se revuelcan en el suelo tomando el sol). El Puente de proa, “Avenida de los Suspiros”. El de popa, “Paseo de Benavente”. Los dormitorios del piso bajo, “Cuatro Caminos, Ventas y Tetuán”. (Sinaia, n.o 6, p. 7)

Parece que en este ejercicio lúdico de apropiación del espacio heterotópico del barco se puede ver también una tentativa de restituir un orden microcósmico perdido. El paseo por el barco constituye un teatro de la memoria de una Madrid que los pasajeros tuvieron que dejar atrás. En vez de ser una cura contra la nostalgia, la nota que describe un ejercicio mnemotécnico tiene el efecto opuesto.

Pero el buque no solo es el teatro de la memoria de las ciudades españolas dejadas atrás. Se superpone a esta escena otra que evoca justamente la memoria de un espacio carcelario –memoria que es, para muchos, aún más fresca y más traumática. En el primer número de la columna “Lo que pasa a bordo”, los recuerdos de los campos de concentración siguen presentes aun en su ausencia, como se puede ver en esta nota muy breve:

¡LA FALTA DE ALAMBRADAS!
La gente toma el sol en cubierta. Este comienza a ser el sol de la libertad. La falta de alambradas hace que la imaginación crezca y cada uno forme planes sobre el porvenir. El sol distiende los músculos y concentra el pensamiento. (Sinaia, n.o 1, p. 3)

Se puede suponer que, para el tipo de memoria que se abre paso aquí, la negación no existe y, cuando se menciona “la falta” de alambrados, se señala justamente que la experiencia de los campos de concentración sigue siendo la condición secreta para poder imaginar los mencionados planes acerca del porvenir. Además, en la ilustración de la nota aparece de manera bien clara lo que “falta” en el barco, pero sigue presente en la imaginación visual de los pasajeros, a saber, las alambradas (ver Figura 3).

Figura 3
Imaginar lo que falta: las alambradas
Imaginar lo que falta: las alambradas
Fuente:Sinaia, (1), 3.

De hecho, las condiciones materiales de vida de los pasajeros en el Sinaia no son tan diferentes de las de una cárcel, aun si estos detalles sobre la vida de a bordo no se aprenden directamente en las páginas del diario de bordo: Ahí, el Sinaia aparece como un buque moderno, casi de crucero, cuando era de hecho un barco ya bastante viejo que había servido a varios usos. Sin embargo, la entrevista con el capitán que aparece en el tercer número del diario nos revela que el barco ya había transportado peregrinos musulmanes a La Meca, soldados heridos y víctimas de la guerra, refugiados armenios a Rusia, pero también nudistas en un viaje de placer (Sinaia, n.o 3, p. 4).

En otros testimonios que no aparecen en el diario, se aprende que el barco era mucho menos elegante de lo que se podía suponer y que, sobre todo, debía estar bastante sobrecargado en su viaje hacia México:

No era un barco de pasajeros, era un barco mixto, de carga y de pasajeros que lo adaptaron para traernos aquí a México, refugiados. Parece que cabrían normalmente novecientos, eso fue uno de los comentarios que yo recuerdo. Cabrían novecientas personas como pasajeros y los demás eran bodegas para carga. Entonces lo adaptaron, pero una adaptación así, bastante deficiente y rápida... (Teresa Armendares, citado en: Ruiz Funes y Tuñón, 1982, p. 81)

De estas descripciones se puede deducir fácilmente que la vida a bordo no solo es opuesta a la vida en el campo, sino que en muchos aspectos es bastante similar: faltan las alambradas, pero sigue la escasez del espacio físico, lo que aplaza el momento de la posible libertad y llena la espacialidad tanto como la temporalidad transitoria de todo tipo de recuerdos que evocan un pasado restringido en varios sentidos.

5. Conclusión

Para concluir estas reflexiones, quisiera volver a la noción del cronotopo del exilio según Bajtín: El diario del Sinaia, en su sincronización casi total con la vida de a bordo, deja ver el barco como un cronotopo de una comunidad en proceso de formación donde los ideales políticos que se expresan en el diario no se ajustan por completo a la compleja realidad. Por ende, el cronotopo de los barcos del exilio no es homogéneo; en la vida a bordo de los “barcos de la libertad” más bien aparecen simultáneamente las grietas de una memoria múltiple donde varias dimensiones aparentemente incompatibles entre pasado, presente y futuro interactúan y se superponen.

Tal superposición tal vez pueda describirse con un neologismo que combina el concepto de la heterotopía de Foucault con el cronotopo bajtiniano: Propongo describir el Sinaia, tanto el barco como el diario, como un “hetero-cronotopo”7 que combina en un solo espacio físico, social y textual diferentes proyectos políticos, pero también diferentes memorias de la guerra civil y de la patria perdida. Así, el Sinaia no se presenta únicamente como “mayor reservorio de imaginación” –según la conocida expresión de Michel Foucault en la conclusión de su ensayo “Des espaces autres” [“Los espacios otros”] (1994a, p. 762)–, sino también como un teatro de la memoria donde se superponen diferentes aspectos del pasado y del presente en un complejo y heterogéneo entramado trans-temporal y trans-local. De esta manera, aun en el intervalo y en el entre-lugar supuestamente “vacío” del viaje marítimo, el cronotopo del exilio es un lugar no exento de relaciones de poder que se ejercen de manera física y discursiva sobre los pasajeros y sus cuerpos.

Fuentes documentales

Sinaia: diario de la primera expedición de republicanos españoles a México. 18 números (26 de mayo hasta 12 de junio de 1939). Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2015. https://www.cervantesvirtual.com/obra/sinaia--diario-de-la-primera-expedicion-de-republicanos-espanoles-a-mexico/

Referencias bibliográficas

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Jato, M. (2019). El éxodo español de 1939: una topología cultural del exilio. Brill.

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Simón, A. y Calle, E. (2006). Los barcos del exilio. Oberón.

Tillack, S. (2021). Exploriso. Low-tech Fine Art. Spector Books.

Notas

1 Este texto surgió de la Jornada “Escrituras menores del exilio”, organizada en colaboración con Guadalupe Barrios Rivero y Franziska Teubert en la Humboldt-Universität zu Berlin del 9 al 10 de noviembre de 2023. Agradezco también a Federico Gerhardt, uno de los participantes del evento, por la oportunidad de publicar el artículo en la revista Olivar y a Marina Amargant Casals por la corrección lingüística del texto.
2 Las versiones digitalizadas de todos los diarios están disponibles en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes (2015). En lo que sigue, me refiero a esta edición, indicando el número de revista y la página correspondiente. Las imágenes del artículo provienen de capturas de pantalla de la misma edición.
3 Su nombre proviene originalmente de una población rumana, sede de la residencia de la reina María, que actuó como madrina cuando el vapor fue botado en Inglaterra en el año 1924.
4 Ver su saludo que abre el primer número del Sinaia (no 1, p. 1), y también algunos artículos de “educación política” que aparecen en el periódico sobre las ideas de Cárdenas sobre la revolución democrática, su plan económico de seis años, su reforma educacional, su visión acerca del “problema de las razas indígenas” y también sobre la industria petrolífera mexicana y sobre los planes de su nacionalización.
5 Se sugería así que la posición de los pasajeros era una posición de observación y también de meditación geográfica en la tradición del primer atlas, el Theatrum orbis terrarum de Abraham Ortelius, donde esta fórmula parece por primera vez a finales del siglo XVI (ver: Dünne, 2008).
6 Tal red de solidaridad va hasta trascender la comunidad del Sinaia y se extiende hasta los otros barcos, cuando, por ejemplo, la llegada de los pasajeros del Sinaia se comunica en el segundo número del diario del buque Ipanema a los pasajeros de este, no sin mencionar las “clamorosas ovaciones” de la multitud al atracar el primer barco, como para dar ánimo a los pasajeros del Ipanema para seguir adelante con su viaje (citado en: Caudet, 2007, p. 101).
7 Debo este neologismo a Guadalupe Barrios Rivero, que introdujo este concepto en su análisis de un texto de Anna Seghers en el marco de su tesis de doctorado sobre Seghers, Constancia de la Mora y Tina Modotti.

Recepción: 1 diciembre 2025

Aprobación: 1 marzo 2026

Publicación: 1 mayo 2026



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