Olivar, vol. 16, nº 24, diciembre 2015. ISSN 1852-4478
Universidad Nacional de La Plata. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación.
Centro de Estudios de Teoría y Crítica Literaria

 

ARTICULO/ARTICLE

 

Lugares de memoria y lugares de amnesia. La familia como colectivo amnésico en Os libros arden mal de Manuel Rivas

 

Anna Lammers

Universidad Christiana Albertina de Kiel
Seminario de Lenguas y Literaturas Románicas
alammers@romanistik.uni-kiel.de
Alemania

 

Cita sugerida: Lammers, A. (2015). Lugares de memoria y lugares de amnesia. La familia como colectivo amnésico en Os libros arden mal de Manuel Rivas. Olivar, 16 (24). Recuperado de http://www.olivar.fahce.unlp.edu.ar/article/view/Olivar2015v16n24a06

 

Resumen
A lo largo de los últimos años, la expresión “memoria histórica” resulta omnipresente en el discurso político, social y cultural europeo. Cuando, en el caso de España, se menciona la “memoria histórica” los acontecimientos a que se refiere en la mayoría de los casos son la Guerra Civil (1936-1939) y el Franquismo (1939-1975), acontecimientos cuya memoria nunca pierde su actualidad y necesidad. A partir del año 2000 se inició la apertura pública al pasado oculto y reprimido que lleva consigo la liberación de los recuerdos que habían permanecido marginados e ignorados hasta ahora. La obra del autor gallego Manuel Rivas forma parte de este proceso de recuperación de la memoria histórica y pone su enfoque, precisamente, en ese pasado incómodo que tantos años ha permanecido oculto para contribuir a la reivindicación de la memoria de las víctimas de la represión franquista. En Os libros arden mal (2006), Manuel Rivas ofrece un panorama complejo y diverso del pasado traumático. A través de la confrontación de diferentes comunidades de memoria –en muchos casos antagonistas– elabora la historia vivida por los ciudadanos coruñeses. Con referencia a los conceptos correspondientes a la memoria colectiva desarrollada en las Ciencias Sociales y Culturales, este artículo tiene la intención de estudiar la memoria de la Guerra Civil y el Franquismo a partir del análisis de una de las familias retratadas en la novela.

Palabras clave: Literatura gallega; Manuel Rivas; Guerra Civil española; memoria histórica; lieux de mémoire

 

Abstract
The expression “historical memory” is dominating the political, social and cultural discourse in Europe for the last few years. This term is essentially used in Spain where it is linked to the events of the Spanish Civil War (1936-1939) and the Dictatorship of Franco (1939-1975). Memories of these historical events never lose their need to be remembered. The work of the Galician author Manuel Rivas contributes to the rediscovery of these historical memories. His novel Os libros arden mal (2006) can be seen as a complex and versatile panorama of those traumatic events. This article focuses with references to the concepts of social and cultural studies about collective memory on representations of the Spanish Civil War and the Franco dictatorship in the above-mentioned novel of Manuel Rivas. Identifying the lieux de memoire of one of its protagonist families, it examines the role of the family as a space of transmission and remembrance.

Keywords: Galician literature; Manuel Rivas; Spanish Civil War; historical memory; lieux de mémoire

 

As palabras son as pegadas que máis se ven.
(Manuel Rivas, 2006: 175)

 

Introducción

El tema de la memoria histórica1 sigue siendo un tema social de gran actualidad. En el año 2015 se conmemora el 70 aniversario de la liberación de Auschwitz y el fin de la Segunda Guerra Mundial. En noviembre de este mismo año también se cumplen 40 años del fin de la Dictadura franquista. Estos acontecimientos históricos vienen acompañados de actos conmemorativos públicos, en los cuales los últimos testigos hablan de sus experiencias y llaman la atención sobre la gran importancia de mantener vivos sus recuerdos en las generaciones sucesivas. En el ámbito social español, el inicio del proceso de recuperación de la memoria se fija, siguiendo a Paloma Aguilar (1996) y a Lourenzo Fernández Prieto (2009), alrededor del año 1996 y se hizo visible, en su totalidad, a partir del año 2000 con la aparición del movimiento por la recuperación de la memoria histórica2.

De acuerdo con la postura de Thompson (2009), que define “a novela como o medio máis axeitado para brindar experiencias de immersión na memoria histórica” (11), este artículo se centrará en una de las novelas gallegas más destacadas en lo que concierne a la representación literaria de la Guerra Civil y el Franquismo, Os libros arden mal (Vigo: Edicións Xerais de Galicia) de Manuel Rivas. Esta novela, publicada en el año 2006, aborda la complejidad del tema de la memoria presentando una perspectiva múltiple de diferentes historias y recuerdos del pasado –individuales, colectivos, familiares– que muy a menudo no han tenido cabida en la historia oficial. Esta obra maestra –que parte de la quema de libros ocurrida en A Coruña el 19 de agosto de 1936– narra la historia colectiva de los vencedores y vencidos de la Guerra Civil y refleja tanto procesos de identidad y conmemoración como manifestaciones del silencio en un ámbito individual y social. Más allá de una constelación de personajes individuales, la novela evoca la historia de dos familias antagonistas, de modo que una –la familia Samos– representa la memoria oficial y la otra –la familia Crecente– encarna la memoria reprimida y marginalizada. En este sentido, lo que se pretende discutir a continuación son dos cuestiones: Primero, se preguntará por la existencia de una memoria colectiva familiar –en esta ocasión se analizará el caso de los Crecente que se realizará, sobre todo, a través del estudio de los lieux de mémoire presentados en la novela en calidad de objeto semiótico de la memoria familiar. Segundo, se analizará la función de los miembros familiares –el padre Francisco Crecente, que aparece en la novela con el nombre de Polca, la madre Olinda, la hija mayor María da Ó, llamada Ó y el hijo menor Pinche– en cuanto a su función como portadores de la memoria de la Guerra Civil y el Franquismo.

Para el estudio se tomará como base teórica el concepto de la memoria colectiva desarrollado en las Ciencias Sociales y Culturales, iniciado por Maurice Halbwachs (1925) y profundizado, de manera continua, por diferentes investigadoras e investigadores, entre las cuales este artículo recurre a los trabajos de Pierre Nora (1984) y Aleida Assmann (1999). Gracias a las investigaciones de Maurice Halbwachs, se confirma que las memorias individuales están siempre enmarcadas socialmente y que la memoria del pasado se construye a través de la comunicación y la interacción social. Los marcos sociales dan sentido a las rememoraciones individuales y son, además, un elemento constitutivo del sentimiento de identidad, tanto individual como colectivo. El concepto de los lieux de mémoire formulado por Pierre Nora se refiere a los puntos de cristalización de la identidad colectiva de un grupo social. Estos lugares tienen un carácter simbólico, material y funcional y pueden ser monumentos, personas históricas, ceremonias, símbolos, relatos oficiales o fechas. Siguiendo a Aleida Assmann, se distingue, primero, entre memoria comunicativa y memoria cultural, y, segundo, entre memoria en función y memoria en depósito. La memoria comunicativa incluye los recuerdos de un pasado reciente y se basa en la memoria oral, mientras que la memoria cultural guarda los textos, imágenes, ritos, lugares y monumentos considerados significativos para asegurar la identidad colectiva en el futuro. Más allá de esto, la memoria puede ser una memoria en función o una memoria en depósito. La primera está sujeta a un portador y tiene como objetivo legitimar, deslegitimar y distinguir, mientras que la segunda es la memoria conservada, por ejemplo en museos, archivos y bibliotecas. Esta memoria puede servir, en el futuro, para indagar la memoria en función impuesta por el discurso dominante. Para el siguiente análisis se caracteriza a un personaje como portador de la memoria –individual, colectiva o pública– que transmite recuerdos marginados para conservar la memoria de acontecimientos socialmente relevantes. O, para decirlo de otra manera, un portador de la memoria que deja de alguna manera u otra –hablando o callando3 – su testimonio para las generaciones sucesivas.

Quema de libros en la ciudad de A Coruña: Lugares de memoria – lugares de amnesia

Pola contra, o que hoxe ardía era o tempo. Diso si
que me decatei. Non dixen nada, mais penseino.
Estremil, compañeiro, arde o tempo. Non as horas,
nin os días, nin os anos. O tempo. Os libros todos que
non lin, Estremil, están a arder.
(Rivas, 2006: 164)

 

Se inicia este capítulo citando las palabras de Polca, que caracterizan la ruptura radical en su vida –pars pro toto la sociedad coruñesa– y un profundo sentimiento de dolor, soledad y abandono. Con la quema de libros, tras el golpe militar de 1936, empieza la historia dramática de la cultura: la gente pierde sus referencias, todo lo que les une ha sido quemado, porque, por un lado, los textos escritos desaparecen y, por otro, con este acto de quemar los libros, los militares están tomando los lugares populares de la ciudad en sus manos. “O exército golpista impuxérase na cidade e dominaba Galicia, que ía ser un dos territorios de retagarda para o que os sublevados denominaban a «nova reconquista de España»” (2006: 166-167). Lugares como el Puerto y la Plaza de María Pita –ágoras de la vida social, donde normalmente se desarrollan las actividades cotidianas– han sido totalmente aniquilados, así que aquí se muestra lo que con Halbwachs se puede caracterizar como “troubles de l'orientation” (1925: 68), es decir, una pérdida de orientación4, seguida a la desaparición del sistema de referencia social.

As primeiras fogueiras dos libros foran dispostas alí, a carón da Dársena, camiño do Parrote. Por dicilo así, no ventre urbano, onde o mar pariu a cidade […] (2006: 56).

O mesmo estaba a pasar na praza de María Pita. Os que baixaban por Porta de Aires e entraban sen saber no espazo da queima, tiñan que reaccionar en segundos ante algo descoñecido, pois non podían imaxinar que aquel fume tivera que ver con libros. Non, non existía memoria de tal fume na cidade. No andar apresurado, no andar do medo, había, pois, implicacións. […] A praza era a mesma, mais houbera un cambio na historia do andar. Non era posíbel, naquel espazo protagonizado agora polo lume, o andar do curioso, nin o andar indiferente, nin o que chamariamos un andar normal, marcado por un destino, mais que non descarta a curiosidade. (2006: 123-124)

En relación con esto, hay que mencionar que no sólo los libros tienen que desaparecer en el fuego o –tal y como lo menciona Ricardo Samos, el juez franquista– “en arresto domiciliario” (2006: 79), sino que también personas de la vida social han sido eliminadas de la historiografía oficial. En este sentido, personajes emblemáticos de la novela como el anarquista Arturo da Silva y el ministro republicano Santiago Casares –cuyo nombre, incluso, es eliminado de los registros oficiales5 – son unas de las víctimas que sufren la damnatio memoriae iniciada por los franquistas.

En novembre de 1937, na cidade natal, A Coruña, o gobernador Arellano envía un escrito ao presidente da Audiencia coa proposición de que se dispoña o arrincado e eliminación da folla do Rexistro oficial onde figura inscrito o nacemento de Santiago Casares Quiroga. Que se lle somenta a un castigo até agora descoñecido. Facer desaparecer o seu nome. (2006: 184)

El estallido de la Guerra Civil pone fin al orden institucional y social establecido y divide la sociedad en dos grupos: los militantes franquistas (a partir de 1939, los llamados vencedores) y los adeptos a la República (los llamados vencidos). Pertenecer al segundo grupo, significa a priori formar parte de los colectivos sociales más perseguidos por los franquistas durante la Guerra Civil y la Dictadura. Se iniciaba un “período de depuración” (2006: 192), de todos los organismos del Estado, lo que, para una gran parte de la sociedad, significa: “Se queres salvarte, faite invisíbel” (2006: 167). Como consecuencia, surge el silencio y el olvido como única vía de supervivencia, con lo cual muchos colectivos sociales dejan de tener un pasado en común, porque ese pasado es considerado peligroso. Tanto los lazos identificativos como las memorias compartidas están borrándose más y más. En resumen, la conversión del espacio público en un lugar de miedo y de violencia evoca una atmósfera de terror donde los habitantes asustados cambian de manera inconsciente su forma de vivir, de andar por las calles e incluso su manera de ser, es decir, su personalidad.

Pareceulle tamén que había outros rostros coñecidos, aínda que estes días non só cambiaran o humor, senón o rostro das xentes, a súa presenza, os seus trazos físicos. Iso era algo do que máis lle asombraba no seu percorrido. Unha especie de inverno posuía a estación do verán. El xa vira, dende a claraboia, a desolación da praia de Riazor. Foi esa visión, a da praia urbana deserta no verán, un fermoso día de sol, a que lle trouxo o medo. O medo foino ver. Descoñecíao. […] Cando decidiu saír pola claraboia, cando burlou a vixía da nai e de todas as tías da Academia de Baile, descubriu que pasaran anos en días. Desapareceran peiteados, escurecéranse cores, alongáranse saias e vestidos. Cambiara o xeito de ollar. De camiñar. (2006: 167)

Tanta vis admonitionis inest in locis – con estas palabras Cicerón destacó el papel importante que tienen los lugares en cuanto a la formación de un espacio de memoria. Las calles, los edificios, la playa y las plazas de la ciudad tienen un valor simbólico que transforman la ciudad en portadora de la identidad cultural. Los sitios donde ocurre la quema son espacios comunes y abiertos y, mientras que desaparecen los signos y símbolos que permiten a diferentes individuos y colectivos construirse y establecer una identidad, los espacios comunes se transforman en lugares de amnesia6. La ocupación de la ciudad lleva consigo la destrucción de los puntos de cristalización simbólica de la memoria colectiva de los simpatizantes de la república y, como consecuencia, la rotura de su identidad común. A los ciudadanos les faltan cada vez más los marcos necesarios para encuadernar los recuerdos y confirmar la identidad del grupo. El olvido, es decir, la transformación del espacio público en un lugar de amnesia, se relaciona con el hecho de que se pierden los vínculos sociales necesarios para evocar y reelaborar colectivamente los recuerdos. Sin embargo, gracias a un esfuerzo significativo por parte de algunos miembros del colectivo marginalizado –que se considera como una verdadera batalla contra el olvido– es posible mantener vivos estos lugares como lieux de mémoire. En Os libros arden mal hay una abundancia de personajes que enlazan los conocimientos del pasado a través de diferentes estrategias en un hilo cognitivo y discursivo que atraviesa los años de silencio. Este punto queda especialmente claro a través del análisis de la transmisión intergeneracional.

Los Crecente: un colectivo familiar, sus lugares y sus portadores de memoria

Cando no hai esperanza, todo parece da parte do
crime. […] Si, todo se agrandou, tamén a foz do río, o ruxido
das correntes, o abismo baixo os pés, agás el, que se sentía
cada vez máis pequeno […].
(Rivas, 2006: 204)

 

La memoria familiar es la matriz grupal dentro de la cual se establecen los recuerdos individuales y se produce mientras haya miembros familiares que compartan una historia y que intenten recordar y materializar las huellas del pasado a través de sus propios lieux de mémoire. Tanto individuos como colectivos seleccionan ciertas marcas que ponen en relación con otras para fijar la propia identidad. Según Michael Pollak (1992: 202-203), existen tres tipos de elementos que pueden servir para que algunas de estas marcas se conviertan en elementos fijos, alrededor de los cuales se organizan las memorias: acontecimientos – como el 19 de agosto de 1936 –, personas –como familiares y allegados– y lugares –como la Dársena y la Plaza de María Pita. Estos puntos constitutivos de la memoria son o enlazados a experiencias vividas por la persona o transmitidos por otros y la destrucción de los mismos a partir de la Guerra Civil –como ya se ha subrayado– provoca una crisis del sentimiento de identidad colectiva que supone reinterpretar la memoria y cuestionar la propia identidad. Los acontecimientos traumáticos influyen en la capacidad narrativa y conllevan huecos en la transmisión intergeneracional.

La familia Crecente forma parte del colectivo de los perseguidos, que queda marginado de la participación sociopolítica y de la vida social porque “Tratándose de España, todo o que non fora católico e absolutista, todo era refugallo. 'El deshecho de la sociedad'” (2006: 648). A partir de 1936 se genera una atmósfera de horror y terror en A Coruña. El carácter extremadamente violento se manifiesta como amenazador para la familia y significa un cambio brutal en la vida cotidiana. Con la construcción del nuevo poder se crea una violencia que se produce en una única dirección dirigida contra las autoridades de la democracia y de la sociedad republicana. Se instituye una forma de terror que tiene por objetivo imponer y asegurar el golpe militar. Para conseguir la eliminación física del rival político se “pasean”, fusilan, encarcelan y depuran a miles de personas. “Morto Arturo da Silva, preso Polca, desaparecida toda aquela mocidade que un día ía subir ao tren especial para a gran festa dos Caneiros, […]” (2006: 191). A partir de 1936, Polca, que reúne en su persona la memoria de la colectividad de personajes de izquierda –anarquistas, republicanos, libertarios, librepensadores–, sufre una represión que incluye tanto la usurpación de los lugares sociales y la ejecución de personas allegadas como la propia experiencia en la cárcel y los trabajos forzados. La represión tiene múltiples dimensiones y, en paralelo a esto, se producen diferentes efectos traumáticos. Las circunstancias extremas de la guerra y el cambio del entorno social influyen en la vida familiar y provocan reacciones que oscilan entre el silencio y una necesidad de recuerdo.

El primer lieu de mémoire, que hay que mencionar, es el 19 de agosto de 1936, el día de la quema de libros en la Dársena de A Coruña. A partir de este momento, las nuevas circunstancias provocaron una atmósfera extrema de miedo y silencio, que penetra en la vida privada y en las relaciones interpersonales. La familia Crecente se siente de un día para otro como extraña en su país. España ya no es su patria, no es un territorio “normal”. “Hai unha violencia que está por todas partes e é o medo que metedes. Non, non me fales como se estiveramos nun país normal. […] Aquí goberna o peor dos criminais” (2006: 634). Amigos y allegados huyen clandestinamente al exilio o desaparecen de un día para otro – “Esta desapareceu os primeiros días da guerra. Non souben nada máis” (2006: 588).

La familia Crecente vive un “período de depuración” (2006: 192), que afecta sobre todo a Olinda, quien “tiña que esquecer a palabra depuración. Ela non superara a depuración” (2006: 192). Como consecuencia, ella sufre un silencio irredento así que es su hija quien guarda sus recuerdos para transmitirlos a las siguientes generaciones. El silencio de Olinda, quien “procuraba non pensar coa cabeza para non perdela” (2006: 192) está determinado por una incorporación del silencio colectivo. Las experiencias traumáticas inducen a Olinda a callar, tanto para evitar la evocación dolorosa de los recuerdos traumáticos, como para eludir sus consecuencias negativas, de manera que pierde paulatinamente su memoria y la capacidad de conectarse con su entorno social.

Algo pasou con Olinda que se lle meteu o silencio dentro do corpo. […] Ela vese que escolle as palabras. Para dicilas e tamén para oílas. (2006: 198). […] Había moita xente que non a vía. E iso que estaba embarazada. Chegou a dubidar se existía ou non. Había moita xente desaparecida. Se cadra ela tamén o estaba sen sabelo. (2006: 190-191)

Dentro del ámbito de la familia Crecente, el silencio individual crea también un silencio colectivo. En el capítulo de entrada (As marcas da auga, 13-17) se observa como el silencio de Olinda se transforma en un silencio colectivo, en este caso, en un silencio relacionado con un trauma familiar. Olinda es sólo capaz de recordar las víctimas de la represión en un espacio secreto mediante la construcción imaginaria de sus rostros en el agua del río en compañía de su hija. Las dos mujeres, que ambas “aforrarábanse palabras, alegría, luz” (2006: 189), experimentan colectivamente, pero cada una sumida en sí misma, la presencia de familiares y allegados.

É o que teñen as figuras da auga, que veñen ver, que miran cando as miras.
Pregunteille a mamá. Pregunteille por un soldado noviño.
Ela fai que non oe.
Zas, zas! A roupa na pedra.
Coido que mamá non quere saber das miñas figuras. Se cadra xa lle chegan coas dela. Noto que ten conta de non sacudir a roupa no río cando eu fico coa ollada sumida na auga. Penso que tamén se moven, que algunhas van de mirada en mirada polo río, porque son figuras moi inquietas. Cando unha leva tempo sen aparecer ao mellor é que anda nos circos da parte dela. Iso pasoume co boxeador. (2006: 14-15)

Las memorias reprimidas siempre buscan su forma de expresarse por lo que se considera las “figuras da auga”7 como un elemento clave de cara al retour du refoulé. Estas figuras representan las memorias violadas y silenciadas que reaparecen para completar con sus testimonios silenciosos los huecos provocados a causa de su propia destrucción física. Su ausencia física no significa una desaparición “total”, porque se aparecen como fantasmas en el agua, esperando a que individuos con sensibilidad y capacidad para ver y escuchar – personajes como Ó, que observa “se está alí na auga, se o trouxo o río onda mín, pois ao mellor algo hai” (2006: 371) – vengan a recibir sus testimonios. Siguiendo a Thompson, se definen estas figuras como espectros,

algo que está e non está. […] que volve ao presente para pedir, e esixir, xustiza. […]Un espectro constitúe unha memoria, un acontecemento que foi omitido, un lieu de mémoire. Ou máis ben, é unha memoria fragmentada e marxinada do saber colectivo en procura dun lieux de mémoire para ser inscrita na Historia, para non ser esquecida. (2009: 69)

Se observa, pues, cómo las figuras del agua constituyen un lieux de mémoire para recuperar el pasado y traerlo al presente. De esta manera, la historia de las víctimas silenciadas y olvidadas, es decir. la memoria traumática, se inscribe en la conciencia colectiva. Tanto los desaparecidos temporalmente –como Polca– como los desparecidos fusilados – como Arturo da Silva– vuelven o en persona o en forma de fantasma para dar testimonio de lo vivido. El río – especialmente las figuras del agua – resulta ser otro lieu de mémoire compartido por la familia. Es el lugar donde se trabaja para ganarse la vida. Es el ámbito donde se habla del pasado, donde se contemplan las figuras del agua y donde se recupera la memoria, por ejemplo, en momentos de desahogo, cuando incluso Olinda empieza a hablar sobre la Guerra y los muertos de la familia: “E entón Olinda desatouse. Faloume dunha das cousas que nunca quería falar, da historia dos soldados da familia e da vecindade. […] Os vellos enterrando os novos, di Olinda. Iso é a guerra.” (2006: 16)

Padre e hijo también forman parte de este lugar de memoria tradicionalmente ocupado por las mujeres. Polca “moitas veces ía ao río axudar a Olinda a carrexar a roupa. E a min, cando ela morreu. Metíase moi a gusto na conversa. […]” (2006: 585-586) y Pinche acompaña desde muy pequeño a la madre y a la hermana al río, donde Ó nota cuánto se parecen madre e hijo.

Guillerme, o Pinche, o meu irmán pequeno, parécese moito a ela, a Olinda. Naceu calado. Naceu xa sendo un home. Un home pequeno. A primeira vez que me decatei do moito que se parecían foi cando o vin a el axudar para debandar a la enredada dun xersei vello e poñela en nobelo para calcetar un novo. Pinche cos brazos estirados cara adiante, firmes, en paralelo, a soster tensa a la. Os dous alí unidos polo fío en movemento. Nin unha palabra. A debandar o silencio. (2006: 199)

La continuación de la represión por diferentes vías, después del final de la Guerra, actúa como mecanismo psíquico que provoca silencios y huecos traumáticos en la memoria. Se está imponiendo un sistema que interioriza el silencio como algo fundamental y natural. Pinche vive su infancia en un ambiente de silencio, un silencio que le pertenece durante toda su vida. En el caso de Olinda y Pinche –como portadores de la memoria traumática–, es la imposibilidad de dar sentido al acontecimiento pasado, la incapacidad de incorporarlo narrativamente, que se manifiesta en síntomas y que indica la existencia de un trauma. En este nivel, el silencio caracteriza al proceso de transformación de los lugares de memoria en lugares de amnesia. El silencio y el olvido no son equiparables con la ausencia de recuerdos, más bien, representan la presencia de esa ausencia.

La memoria familiar se construye, sobre todo, gracias al esfuerzo por parte de Polca y Ó. El padre de la familia Crecente nota la necesidad de narrar, de transmitir historias locales para contar la parte marginada del pasado garantizando así la incorporación de ciertas voces, que no tienen cabida en la historia oficial. Por ello, la memoria de personajes como Arturo da Silva se mantiene viva, en primer lugar, por parte de supervivientes como Polca.

E que pasou? Matárono como un Cristo. Aquí non houbo guerra, nena, iso que chaman guerra foi unha caza e a el cazárono. […] E que pasou co letreiro do sol? Fixérono cachizas. E o ateneo, e os libros? Queimáronos. Queimaron os libros? Si. Polca fala del como dun heroe, un campión do que ninguén se lembra. O futuro é incerto, dixo Polca. Non sabemos o que vai pasar. Se cadra chegará un intre, nena, en que só ti saibas quen era Arturo da Silva e que houbo O Resplandor nun lugar agora tan tristeiro. (2006: 371)

Ó es la depositaria de las memorias de los familiares y las personas allegadas. Dentro del colectivo, la hija tiene un papel transcendental y destaca por su función de portadora de la memoria reprimida y silenciada. Los recuerdos del pasado superan la dimensión de memoria íntima si encuentran a una interlocutora como Ó que es capaz de proteger y transmitir los recuerdos familiares. Ella se convierte en la instancia que habla del pasado cuando la memoria de la primera generación desaparece. Una vez que los recuerdos se sitúan ya en el nivel de la memoria comunicativa, tienen que encontrar a los portadores adecuados quienes –mientras que hacen uso de su capacidad de conmemoración– los mantengan vivos en las siguientes generaciones.

A pesar de la existencia de una memoria colectiva, cada miembro familiar recuerda en condiciones individuales y con diferente carga afectiva. La memoria familiar se define por los diversos enfoques de personas, textos, mitos con que toda la familia tiene contacto y que contribuyen a construir cada una de las memorias individuales. La existencia de una memoria familiar ayuda a ordenar los recuerdos individuales y les da sentido de permanencia e identidad para la colectividad. Los recuerdos de cada individuo se estructuran de una manera u otra dentro del colectivo familiar por la relación con los demás y los actos conmemorativos. Compartiendo estos puntos de referencia –los lieux de mémoire– con la familia, cada individuo está vinculado al grupo y se afianza su sentido de identidad como “familia Crecente”.

Conclusión

En el foco de la novela Os libros arden mal se encuentra una ciudad que sufre la pérdida de sus lieux de mémoire, que se han convertido, a partir del 19 de agosto de 1936, en lugares de amnesia. La memoria oficial –la memoria en función de los vencedores– influye en la memoria de la mayoría y contribuye a que se modelen los propios recuerdos para encontrarles un lugar. Pero siempre hay algunos pequeños grupos que oponen resistencia para deslegitimar a la memoria oficial. Mientras que el grupo de los franquistas evita la memoria de la quema de libros por medio de la destrucción de huellas, los portadores de la memoria reprimida buscan su manera de expresión, de dejar huella, lo que se realiza en muchos casos por medio de la transmisión oral. Al final de la novela es precisamente Polca –como portador de la memoria reprimida y clandestina– y no el juez Ricardo Samos –como portador de la memoria oficial– quien se convierte en protagonista para relatar la historia de la quema de libros en A Coruña. Mientras el uno aspira al olvido y al ocultamiento, el otro, que procura dar testimonio, se entrega al recuerdo y a la narración. Polca logra transformar el auto de fe en un recuerdo vivo, en cambio, Samos se olvida de su pasado y niega su identidad. La quema ha desaparecido de la memoria oficial como si nunca hubiera existido mientras que en la memoria reprimida está viva.

Polca podía sentir no nariz o cheiro do fume daquel día. Tiña razón Eirís. Era como estar na boca do inferno. […] El, Polca, estaba a cavar no tempo, a angazar moreas de tempo. Estaba a recordar e a sentir á vez. […] (2006: 715) Lembra, si. As letras compoñendo aquela sámara de piñeiro a pairar nas cinzas. Aquel anaco. Aquela blonda. Una gota de sangre de pato. O arrepío. As unllas, os ósos, as vísceras dos libros. Un cheiro inconfundíbel que non se vai do nariz. (2006: 714)

La conclusión de estas observaciones resulta que, en Os libros arden mal ,la memoria en función de los vencidos –silenciada y censurada– existe en forma de memoria clandestina. Polca recuerda su experiencia individual y la activa en su ámbito familiar y social. Este personaje se transforma en portador de la memoria clandestina porque es la persona que toma la palabra dentro de su colectividad para legitimar el recuerdo al golpe de Estado, a la quema de libros y la destrucción de los círculos y ateneos obreros, a los que perteneció. Al mismo tiempo, se distingue de la versión oficial extendida por las nuevas autoridades deslegitimándola. A causa de su determinación por fuerzas ajenas, Polca no puede influir en la memoria pública – “[…], iso non llo vou dicir. Hai que ser prudente, tes razón. Nunca sabe un con quen fala.” (2006: 715) – así que la memoria reprimida de A Coruña se conserva, sobre todo, en un ámbito íntimo y privado, por ejemplo, en el seno de la familia.

Para fijar determinadas constantes de identidad familiar, el individuo selecciona ciertas huellas del pasado que se transforman en lieux de mémoire. El lugar de memoria más emblemático de la familia Crecente es la Guerra Civil. En este acontecimiento se cristaliza la memoria colectiva. La quema de libros, la violencia, el miedo son aspectos de la vida común que no se olvidan y que se graban en la memoria. A pesar de la omnipresencia del silencio y del callar, en la familia es posible transmitir la memoria silenciada ya que Polca y Ó son capaces de llenar –a través de un pacto de rememoración intergeneracional– los vacíos causados por la historiografía oficial. Es un trabajo importante por ambas partes porque, por un lado, los individuos que vivieron el acontecimiento traumático necesitan proteger su capacidad de expresión, para poder transformarlo en experiencia y transmitirlo y, por otro, deben ubicarse en un marco que haga posible la conversación y la transmisión. Es este acto narrativo compartido, este contar y escuchar, que erige un diálogo intergeneracional. De esta manera se está construyendo cada vez con mayor firmeza una memoria colectiva. Ó –como portadora de la memoria familiar– cumple con su función de transmitir la memoria de sus padres siendo, por un lado, la oyente para el padre, y, por otro, la portavoz para la madre. De esta manera, contribuye a la idea de que la memoria comunicativa se puede transformar con el paso de tiempo en memoria cultural.

Finalmente. se pueden aplicar estas conclusiones también al trabajo efectuado por Manuel Rivas, quien, a su vez, ofrece a la comunidad lectora un lugar para “contar y escuchar” contribuyendo así de modo notable a la conformación de la memoria histórica. La Guerra Civil y el Franquismo han dejado huellas imborrables, que Manuel Rivas evoca y ubica en un marco que les da sentido. No es la inexistencia de las huellas del pasado que causa inquietud en el presente, sino que estas han sido manipuladas y destruidas. Como consecuencia, la obligación principal para acceder a las huellas del pasado es revelar y descubrir lo encubierto y de esta tarea se ocupa literariamente Rivas, tal y como se ve reflejado muy bien en Os libros arden mal. La familia Crecente metaforiza la sociedad. Tanto en la familia, como en la sociedad, hay individuos que recuerdan y recrean el pasado en voz alta, de modo consciente, y otros que transmiten su legado de manera silenciosa, inconsciente. Olinda y Pinche son una imagen de la sociedad que padece el silencio mientras que Polca y Ó no sólo recuerdan el pasado, sino que lo construyen en un trabajo colectivo, que se define usando un término psicológico como un “memory talk” o “conversational remembering” (cito por Assmann, 2006: 28). En Os libros arden mal ,destaca el lugar emblemático que tienen las imágenes familiares en las memorias del pasado. Lo significativo aquí es la importancia de hablar y encontrar un interlocutor. Las huellas del pasado pueden conservarse en la memoria en forma de voces –voces de la familia Crecente en el ámbito intertextual y voces de autores como Manuel Rivas en un ámbito extratextual.

El autor gallego Manuel Rivas reflexiona artísticamente sobre la memoria histórica a través del mundo de la ficción literaria reivindicando, recreando y relacionando los acontecimientos históricos, con el fin de crear en la comunidad lectora una conciencia histórica y una sensibilidad en cuanto a la fuerza de la memoria tanto para el presente como para el futuro (Thompson, 2009: 15), provocando un proceso activo de interpretación y reconstrucción de la memoria histórica en el lector. Concluyendo, podemos considerar a Rivas un “portador de la memoria”, que reelabora los recuerdos reprimidos (individuales o colectivos) de los testigos de la Guerra Civil y el Franquismo en un momento de la historia en el que la memoria viva está desapareciendo, asegurando de este modo su entrada en la memoria cultural así como su transformación en memoria en depósito para el futuro. Con su obra deja una huella importante para las nuevas generaciones, porque “as palabras son as pegadas que máis se ven.” (2006: 175)

 
Notas

1 Paloma Aguilar Fernández (2007: 56) indica que se suelen utilizar las expresiones “memoria histórica”, “memoria colectiva” o “memoria social” de forma intercambiable. En general, se refiere a este concepto para caracterizar a un acontecimiento que tiene una importancia pública eminente para un grupo que une una identidad. En el contexto de este artículo vale la pena recordar la definición del concepto “memoria histórica” dado por Emilio Silva, uno de los fundadores de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH): “En cuanto al término memoria histórica podemos decir que no todo lo que está en la memoria de la gente pasa a formar parte de la historia. Y en los libros de historia no está escrita todavía la historia de estos desaparecidos y desaparecidas, ni de sus familias. Por eso entendemos la memoria histórica como conjunto de hechos reprimidos que están en la memoria de la gente pero no forman parte de la historia, o si es más comprensible el conjunto de recuerdos históricos reprimidos “por algún motivo”. (Cito por Parodi Muñoz, 2013:15)

2 Este movimiento aparece junto a la apertura de las primeras fosas comunes. El 28 de octubre de 2000 se exhumó en Priaranza del Bierzo (Castilla-León) la primera fosa común. Como consecuencia se creó la ARMH y en los años siguientes se fundaron más asociaciones e iniciativas ciudadanas de modo que hoy día existen asociaciones memorialistas en toda España. El movimiento a favor de la memoria es una respuesta al “pacto social de la Transición [que] requería y quería el olvido del pasado” (Prieto-Fernández, 2009: 132) y tiene una resonancia eminente, sobre todo, en el ámbito social e intelectual. En la esfera política, sin embargo, hasta ahora y, a pesar del nombramiento del año 2006 como “Año de la Memoria” y la aprobación de la “Ley de la memoria histórica” en el año 2007, las consecuencias esperadas y deseadas no se han cumplido.

3 El testimonio incluye también el silencio como un no-ser-capaz-de-hablar de ello (“la memoria traumática”) ya que el recuerdo que no encuentra su lugar en la conciencia está, a pesar de todo, escrito en el cuerpo.

4 “A la différence des aphasiques atteints de cécité psychique (cas d'ailleurs rares), qui perdent souvent le sens de l'orientation au point qu'ils ne peuvent, même après des mois d'exercice, s'orienter dans leur propre chambre, et des aphasiques de guerre observés par Pierre Marie et Foix, chez qui «on a constaté souvent des troubles de l'orientation : difficulté à se guider dans les rues […].” (1925 : 68)

5 Hay que añadir que Rivas en este momento hace referencia a la así dominada “verdad histórica”, igual como en muchos otros momentos de la diégesis, cuyo análisis merece una profunda reflexión en otra ocasión.

6 Javier Gómez-Montero elabora un análisis profundo de la conversión del espacio urbano en un lugar de terror y violencia en: Gómez-Montero, Javier, 2012. "Literatura de conjuro anamnésico. Os libros arden mal de Manuel Rivas y Home sen nome de Suso de Toro", en: Culturas de la memoria. Teoría, historia y praxis simbólica, Friedhelm Schmidt-Welle (coordinador), México: Siglo XXI, 227-254.

7 Estas figuras aparecen también en As voces baixas (Vigo: Edicións Xerais de Galicia), libro de Manuel Rivas, publicado en el 2012 y simbolizan una conexión especial con el pasado.

 

Bibliografía

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Gómez-Montero, Javier, 2012. "Literatura de conjuro anamnésico. Os libros arden mal de Manuel Rivas y Home sen nome de Suso de Toro", en Culturas de la memoria. Teoría, historia y praxis simbólica, Friedhelm Schmidt-Welle (coordinador), México: Siglo XXI, 227-254.

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Nora, Pierre, 1984. Les lieux de mémoire (4 vols.), Paris: Gallimard.

Parodi Muñoz, Manuel, 2013. Perspectivización de la memoria histórica en la narrativa española actual, Berlin: edition tranvía – Verlag Walter Frey.

Pollak, Michael, 1992. “Memória e identidade social”, Estudos históricos, vol. 5, n. 10, 200-212.

Rivas, Manuel, 2006. Os libros arden mal, Vigo: Edicións Xerais de Galicia.

Thompson, John Patrick, 2009. As novelas da memoria. Trauma e representación da historia na Galiza contemporánea, Vigo: Editorial Galaxia, S.A.

 

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