Olivar, vol. 17, nº 25, e007, junio 2016. ISSN 1852-4478
Universidad Nacional de La Plata.
Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación.
Centro de Estudios de Teoría y Crítica Literaria

 


ARTÍCULOS / ARTICLES




Las relaciones entre la Editorial Galaxia y la diáspora argentina, una red por tejer (1950-1966)


María Dolores Villanueva Gesteira

Universidad de Santiago de Compostela
España


Cita sugerida: Villanueva Gesteira, María Dolores (2016). Las relaciones entre la Editorial Galaxia y la diáspora argentina, una red por tejer (1950-1966). En M. R. Lojo (ed.), Galicia en la Argentina: una identidad transatlántica. Olivar, 17 (25), e007. Recuperado de http://www.olivar.fahce.unlp.edu.ar/article/view/OLIe007


Resumen
Argentina fue el principal país receptor de la emigración y del exilio gallegos durante la primera mitad del siglo XX. Con una red de asociaciones bien establecida que agrupaba a buena parte de la comunidad, la Editorial Galaxia, fundada en 1950, estableció una fluida comunicación con la colectividad para captar recursos económicos y también para la divulgación de los libros publicados. La relación entre la Galicia interior y la exterior era intensa y permitió llevar a cabo acciones comunes, subvencionar obras y mantener vivo el proyecto de dotar a la lengua gallega de una literatura culta y de publicaciones periódicas que construyesen un sistema literario propio basado en el criterio filológico.

 

Palabras clave: Criterio filológico; Red; Exilio; Emigración; Editorial Galaxia


Abstract
Argentine helped to set the Editorial Galaxia, founded in 1950, project as the main migrant-receiving country from Galician exile. For two decades, they collaborated with financial support as well as spreading published books. With a network of well-established associations, the relationship between “inland Galicia” and “Galicia abroad” was strong; therefore it was possible to perform common actions, subsidize works and keep alive the project to provide the Galician language with a cultured literature and periodical publications. It took philology as its guiding principle, with the intention of identifying the language and its literary discourse.

Keywords: Philological criterion; Network; Exile; Emigration; Editorial Galaxia



Las relaciones entre la “Galicia interior” y la “Galicia argentina”

Los efectos del golpe de Estado de 1936 y la instauración de una férrea dictadura durante cuarenta años devastaron el incipiente tejido cultural gallego que comenzara a desarrollarse a inicios del s. XX con proyectos colectivos como las Irmandades da Fala o con iniciativas particulares como la Editorial Nós, capitaneada por Ánxel Casal, alcalde de Santiago de Compostela asesinado el 19 de agosto de 1936. Al tiempo que surgían estas iniciativas culturales, se fortalecía la afirmación nacional con la creación del Partido Galeguista (1931), y detrás toda una generación, la Xeración Nós, que capitalizó la idea de nación con una literatura propia y una política de base gallega. Sin duda, entre los elementos legitimadores de la nación, la lengua gallega fue el principal criterio definidor de la misma.

La política de represión instalada a partir de 1936, con la imposición de una cultura de expresión en castellano y la consiguiente represión de las otras lenguas y culturas del Estado, hizo que tardaran en aparecer nuevos proyectos que administraran ese capital simbólico. En esa adversidad ideológica y empresarial nacía en 1950 la Editorial Galaxia que integró a las principales figuras de preguerra y a la vez a las nuevas generaciones que apostaban por seguir la línea de la Xeración Nós1.

Si Cuba fue el destino predilecto de la emigración gallega del siglo XIX y desde La Habana llegó el apoyo económico necesario para sostener algunos proyectos del Rexurdimento, en el siglo XX el liderazgo lo tuvo Argentina. En Buenos Aires en la década del 50 había más gallegos que en cualquier ciudad de Galicia. De hecho, entre 1911 y 1934 Argentina fue el primer país receptor de emigrantes, y entre 1946 y 1950 el 55% de la emigración gallega se instaló allí.

Anarquistas, agraristas, comunistas, nacionalistas, republicanos, socialistas o militantes de otras organizaciones políticas o sindicales fueron los exiliados que escaparon ante el peligro que corrían en Galicia. Buenos Aires fue el destino escogido por Castelao, Luís Seoane, Lorenzo Varela, Núñez Búa o Rafael Dieste. Las redes microsociales preexistentes fueron un reclamo para muchos exiliados gallegos que se vieron arropados y ayudados en su inserción laboral por los emigrantes gallegos allí instalados.

No es casual que desde el primer momento se estableciesen contactos entre Galaxia y la intelligentsia de la diáspora. Es evidente que las relaciones no se dan aleatoriamente, porque siempre nos relacionamos dentro de unas coordenadas, por eso, cuando se crea el proyecto desde el inicio se mira hacia la Argentina, pues el contingente de gallegos era un potencial seguro de consumo y, a la vez, había exiliados que servían de puente con la colectividad y tenían intereses similares. Por otra parte, Argentina estaba en pleno apogeo lo que propiciaba un importante apoyo económico. Por esta razón, la Editorial Galaxia intentó penetrar en la colectividad de emigrantes y exiliados a través del gran tejido asociativo con el que contaban, con entidades geográfico-administrativas propias del país de origen (la parroquia, el ayuntamiento, la comarca) que proliferaban desde 1904, como indica Núñez Seixas (2000: 345-379), que habla de la “parroquia de alén mar”, para la que no se escatimaron esfuerzos desde Galaxia. De hecho, buena parte de los presidentes de los centros eran accionistas y/o subscritores de la editorial.

Galaxia nace en un momento, 1950, en que el galleguismo político en la diáspora merma considerablemente en beneficio de una línea de carácter culturalista, que ya había tenido presencia mucho antes, así Alonso Ríos la reivindicaba en el artículo en la revista Galicia (23/09/1939) “Una nueva etapa. Labor cultural”, en el que defendía que la Federación de Sociedades Gallegas (FSG) tenía que centrarse en la poesía, en la pintura, en el estudio de la lengua gallega, en la historia, en definitiva, en los aspectos culturales. Se incorporó al comité de prensa de la FSG Arturo Cuadrado y en él ya estaba Seoane, que serán dos de los principales agentes culturales de Buenos Aires. Juntos, en la década de 1940, ponen en marcha un buen número de proyectos entre ellos las editoriales Nova y Botella al Mar, en las que publicaron también libros gallegos. Con anterioridad habían creado y dirigido las colecciones “Dorna” y “Hórreo” en Emecé Editores. Seoane también estuvo al frente de las revistas De Mar a Mar (1942-1943), Correo literario (1943-1945) y Cabalgata (1956-1958), acompañado de Lorenzo Varela, Arturo Cuadrado, Rafael Dieste o Otero Espasandín2 (Alonso Montero, 2002; A. Agrelo, 2005; Núñez Seixas, 1994a y 1994b)

haciendo de todo, pero tratando en todo momento de hacer honor con nuestra conducta y labor a Galicia. Cuadrado y yo hemos fundado dos editoriales dedicadas a publicar en parte libros gallegos, idea que tuvimos que abandonar por falta de eco en la emigración, no sin antes publicar unos cincuenta libros que por lo menos quedarán y darán idea de nuestra permanencia en ésta. [...] Todos trabajamos lo que podemos, es el único modo de ir matando la nostalgia que nos corroe y el deseo de regresar. Algún día, ahí en Vigo, o en Santiago como en otros años, hablaremos de todo, cuando todo sea ya recuerdo. (Luís Seoane a Fernández del Riego, Buenos Aires 20/01/1947)3

Para Seoane y sus allegados la única salida para construir y mantener un discurso sobre la identidad diferencial gallega era promoviendo proyectos culturales. Por esta razón la línea que emprendieron los hombres de Galaxia en 1950 fue bien recibida, puesto que conectaba con la iniciada por ellos, aún sin la fortuna deseada. La frustración de sus iniciativas quizás fue una de las motivaciones de saludar con entusiasmo la labor cultural desde Galicia. Seoane dice vivir “nun afortunado campo de concentración para comerciantes” (Carta de Seoane a Del Riego, Buenos Aires 06/09/1948), pues le faltaba la emoción, la pasión de trabajar en y para Galicia de una manera más directa.

Más allá de Seoane y sus iniciativas había publicaciones anuales como el Almanaque de Galicia, animado por Castro López, periódicos como Galicia de da FSG y revistas como Céltiga o A Fouce, que son solo algunos ejemplos destacados de la labor llevada a cabo por la emigración gallega rioplatense. También contaban con publicaciones el Centro Orensano y el Centro Pontevedrés, Opinión Gallega, dirigida por Rodolfo Prada, Valeriano Saco y Avelino Díaz, en la que también colaboraban galleguistas como Piñeiro, que firmaba las notas informativas del interior, labor que cubría Fernández del Riego en la revista Galicia del Centro Gallego, en la sección “Ronsel”. Si citamos publicaciones periódicas tenemos que destacar Galicia Emigrante, que dirigió Seoane entre 1954-1959, y que tenía en Galicia a Fernández del Riego como enlace.

La Editorial Galaxia es una red compleja con un conjunto de nodos interconectados, que sustituyen un único centro, y pueden tener mayor o menor relevancia según la información que absorban. Así en Galicia Francisco Fernández del Riego o Ramón Piñeiro eran dos de esos nodos relevantes, pero todos fueron necesarios para el funcionamiento de la red. De ahí que en Argentina los contactos se estableciesen con Seoane y su grupo, pero también con emigrados tan significados como Manuel Puente o Rodolfo Prada, con los que Seoane fue crítico ya que no compartía con ellos el mismo discurso con respecto a Galicia; la colectividad no era un conglomerado homogéneo. A Galaxia le interesaban los contactos con ambas subredes puesto que si la red crecía aumentaba también su complejidad y con ella el número de sus posiciones de poder.

Si es complejo desarrollar un proyecto de estas características en Galicia, debido a la censura y a la represión que ejerce el fascismo, lo es aún más intentar una prolongación en un país tan distante. A pesar de las dificultades, consideraron fundamental desde el inicio la estrategia de ganar a la colectividad gallega para la causa Galaxia

A segunda misión de GALAXIA era conquerir que a personalidade diferencial de Galicia fixérase presente fóra de Galicia. Era necesario que, en plena dominación franquista, Galicia fixese presente a sua fisonomia espritoal propia. (“Galaxia”, texto leído por Isla Couto en la reunión con el grupo de Buenos Aires, 14/09/1958)4

De las siete misiones con las que nace la Editorial Galaxia, la segunda, como podemos leer, era dar a conocer la fisionomía espiritual de Galicia fuera de las fronteras administrativas. Las comunidades emigradas y exiliadas eran los objetivos principales de esta misión de difusión, aunque también centros de cultura como las universidades europeas. En realidad despertar ese interés motivaba para que invirtieran dinero en los proyectos, apostando por un país que estaba en pleno apogeo económico y que contaba con una colectividad muy numerosa fundamental para sustentar el proyecto.

Así, en 1945 el Centro Gallego contaba con 84.000 socios y sin duda fue fundamental para captar recursos económicos con los que desenvolver la estrategia consciente de planificación cultural para establecer un campo literario autónomo y mostrar una Galicia diferente y diferenciada. El Centro Gallego de Buenos Aires fue un aliado fundamental, pues desde el inicio mostró rechazo al régimen fascista. Así, en 1938, el Centro Gallego de Buenos Aires eligió nuevo presidente entre Xosé Neira Vidal, pro-república, y Laureano Alonso Pérez. La victoria del primero abrió una etapa de condena al franquismo que llegó hasta 1966, aunque hubo tensiones especialmente durante la presidencia de José Villamarín (1962-1966). La verdad es que en la década de los cuarenta el sector galleguista, con nombres tan significativos como Rodolfo Prada, Manuel Puente o José Abraira, llegó a ocupar cargos importantes; con ellos asumieron la Comisión de Cultura figuras relevantes como Arturo Cuadrado o Luís Seoane (Núñez Seixas, 2011: 55), que llevaba en aquellos años el peso cultural del Centro Gallego, dirigía la revista Galicia, que tenía una tirada de 50.000 ejemplares, gestionaba los premios o editaba obras de interés. Después se ocuparía Blanco Amor, que asumió la dirección en 1957, y en las dos etapas recibían las colaboraciones de los intelectuales galleguistas, que estaban dirigidos por Francisco Fernández del Riego, el hombre puente entre la diáspora y el interior

Ya tengo noticia de la labor de Galaxia. También llegó a mis manos un prospecto de unas ediciones “Monterrey”. Hace días le escribí a Valentín y le preguntaba si hay aquí un representante o alguna casa que tenga esas publicaciones. En las librerías no se ven. Comprenderás que aunque se sepa que existen, no es fácil adquirirlas. Los mismos libros del Centro Gallego no se han vendido en las librerías, sino en la secretaría del Centro. Con todos los respectos debidos, me parece un criterio equivocado. (Carta de Manuel Fuentes a Fernández del Riego, Buenos Aires 24/12/1951)

En el año 1954 Fernández del Riego fue invitado a celebrar en Buenos Aires el día de la Patria Gallega (25 de julio) y aprovechó ese viaje como secretario y gerente de Galaxia, para hacer gestiones directas con el objeto de conseguir suscriptores y accionistas (Villanueva, 2015: 532). Con anterioridad, en viajes con el mismo interés, hicieran lo propio García Sabell y Ramón Otero Pedrayo, consejero y primer presidente de la editorial, respectivamente5.

La distribución de los libros era complicada y el número de suscritores no era muy alto, se hacía a cuentagotas y era evidente que necesitaban comunicación directa. Ya en un documento fechado en 1954, en una reunión celebrada en casa de Manuel Puente, se habla de la necesidad de buscar una firma distribuidora en Buenos Aires y colocar la delegación de Galaxia en Rodolfo Prada y Xosé B. Abraira. Pero en el viaje de Fernández del Riego este insta a los más jóvenes de las Mocedades Galleguistas a divulgar los títulos de Galaxia entre la colectividad. Será Neira Vilas el que se toma en serio este encargo y funda Follas Novas junto a Anisia Miranda el 15 de julio de 1957; la distribuidora recibía los libros en depósito y los vendía entre la comunidad. Neira Vilas funcionó como enlace ya que también se encargaba de cobrar a los accionistas y suscritores.

Argentina en la base económica de Galaxia

Desde Argentina llegaron a Galaxia importantes cantidades de dinero que sufragaron proyectos, pero que también hicieron frente a deudas puntuales que había en la editora. Así, publicaciones como la Revista de Economía de Galicia, publicada entre 1958 y 1968, se costeó gracias al dinero que llegaba desde Argentina y Uruguay. Para hacernos una idea, la colectividad argentina en 1959 destinó 35.000 pesetas, una cifra muy elevada para la época y que se ingresó anualmente, aunque por lo abultado del montante es probable que el dinero fuese destinado a más menesteres que a la publicación periódica.

Los grabados incluidos en la monografía de Maside que publicó la Editorial Galaxia también fueron pagados por el Centro Gallego de Buenos Aires, por petición de Seoane, para aliviar la situación de la editora. En ocasiones fueron mecenas y en otras asumieron la impresión que no se podía realizar en Galicia debido a la censura establecida, como con la Obra completa de Ramón Cabanillas, publicada en 1959 y en la que el Centro Gallego de Buenos Aires invirtió 300.000 pesos, una cifra elevada que causó malestar y protestas entre miembros de la colectividad. Este volumen no pudo ver la luz en Galicia porque la censura había prohibido “25 poemas de No desterro, Vento mareiro e Da terra asoballada e a totalidade da obra O Mariscal” (Rei, 2009: 552). La publicación se imprimió y se costeó en Buenos Aires, a pesar de que la edición la llevara a cabo en Galicia Fernández del Riego.

Debido a la situación de pocos recursos en la que vivía Ramón Cabanillas, Fermín Penzol, García Sabell, Otero Pedrayo y Piñeiro gestionaron con el Centro Gallego una pensión vitalicia de 2.000 ptas. mensuales y adelantarle 10.000 ptas. como derechos de autor por la compilación de su obra. Una cifra muy elevada si tenemos en cuenta que esa fue la cantidad por la que la Editorial Aguilar compró los derechos de Rosalía de Castro

O que as Diputacións e Concellos de Galicia non souperon nin quixeron facer cos cartos de todos os galegos, fixérono en cambio con entusiasmo os emigrados cos seus propios cartos. Esto pra min é verdadeiramente emocionante e coido que iles souperon obrar representándonos a todos moito millor do que nos representan Diputacións e Concellos. (Carta de Ramón Piñeiro a Isidoro Millán, Compostela, 28/021958. Citamos por Cochón/Villar 2009: 94-95)

Y tampoco podemos circunscribir estas ayudas a Galaxia, puesto que desde el centro se atendía a otras necesidades del galleguismo. Tanto es así que ya en 1949 se creó una corresponsalía en Galicia que asumió Fernández del Riego y por la que cobraría 800 pesos6. Desde ese momento fue el encargado de gestionar colaboraciones para la prensa y las revistas argentinas, se ocupaba de cualquier trámite en el interior, de enviar puntual información de lo que sucedía en Galicia, etc. En la práctica eran muchos los encargos que tenía este puesto, desde gestionar una deuda de la Real Academia Gallega con la imprenta Roel, por importe de 20.000 ptas., o la compra de la casa de Rosalía de Castro, para la que enviaron 50.000 ptas7. También se encargaba de hacer llegar la pensión vitalicia que recibía Gala Murguía de Castro, de 18.000 ptas. anuales, y todas estas gestiones, más las derivadas de la editorial las llevaba a cabo el corresponsal8. Otras responsabilidades eran pagar la ofrenda floral a Cabanillas o algunas tan curiosas como sufragar los premios al mejor estudiante de la Universidad de Santiago de Compostela o la subvención al Patronato Rosalía de Castro. Fernández del Riego se encargó de la corresponsalía rentada durante veinte años, pero en el momento en que en 1968 llegó al Centro Gallego una directiva afín al régimen franquista, Del Riego renuncia, como le hace saber a Seoane9.

No todos los proyectos soñados fueron finalmente realizados, por ejemplo, en 1954 en una reunión celebrada en casa de Rodolfo Prada, se acuerda la capitalización de un periódico gallego con el aporte económico de Perfecto López, por 250.000 pesos, y de Manuel Puente, por 50.000 pesos, pero no se llegó a concretar10. Tampoco llegaron a ver la luz, o no inmediatamente, todos los libros proyectados, así se pensó en una colección dedicada a la formación galleguista, que incluiría títulos pensados especialmente para las nuevas generaciones que ya habían nacido en Argentina. Los tomos llevarían los siguientes títulos: Os orixens da Galicia contemporánea, Historia do galeguismo, Teoría do galeguismo, y varios sobre las principales figuras del galleguismo: Faraldo, Murguía, Brañas, Villar Ponte, Porteiro Garea, Viqueira, Losada Diéguez, Quintanilla, Lago González, Cabeza de León, Alexandre Bóveda e Castelao11. Se definen como trabajos para difundir el ideario galleguista entre la colectividad y contendrían textos y también la biografía del autor en cuestión. De hecho sabemos que Del Riego a finales de 1954 estaba trabajando duramente en la obra de Villar Ponte12, especialmente en la compilación de sus artículos. Es interesante notar que los libros de divulgación del ideario se harían desde el interior, pensemos en el libro-folleto sobre Xohán Vicente Viqueira realizado por Piñeiro.

El criterio filológico ¿motivo de tensión?

La construcción de una estructura de red no se hace solamente con personas, también son precisos documentos para asentarla y para establecer su ámbito de actuación. La red tiende a administrar de esta manera el comportamiento de sus miembros a través de los valores, de las normas y de las creencias establecidas desde su fundación. Toda esta documentación responde a un sistema eficaz de marcar los límites dentro de la red y de ahí surge la cultura del sistema, porque responde a ese sistema de creencias, valores y normas que delimita el ámbito de comportamiento admitido por una sociedad. Así, las redes sociales crean cultura, puesto que involucran muchos factores que se alimentan constantemente y generan un cuerpo de comportamientos que son el modo de vivir esa cultura. Esas ideas, valores, creencias y demás maneras de difundir el conocimiento de estructuras de significado, son lo que Capra (2003: 127) denomina estructuras semánticas: esas estructuras de organización que están en los individuos de la red. Este conocimiento compartido es transmitido de generación en generación, por lo que se crea una identidad de sus miembros que se basa en el sentido de pertenencia.

Antes de que se establezca ese conocimiento hay un período de asentarlo, de difundirlo, de transmitirlo. Si es difícil consolidar esas ideas, valores y creencias entre los miembros de la red en Galicia, más aún lo es transferirlos a otros países en donde había condicionamientos socioculturales muy distintos que imponían las sociedades receptoras. Así, existen tensiones en el campo cultural al tratar las líneas fundamentales para la red. El debate de los criterios dio lugar a perturbaciones, a ajustes en la propia red, hasta que una posición se impuso. Es el caso del criterio filológico, sin duda uno de los más destacados, puesto que se entendió como básico para la autonomía cultural y si en Galicia tuvo sus detractores fuera de la red, en Argentina los tenía dentro.

Hasta entonces, la política lingüística para las publicaciones ensayísticas del Centro Gallego era básicamente la de utilizar el castellano: Romerías gallegas de Álvarez Blázquez; Las rías gallegas de Ramón de Artázar Malvárez; La lengua gallega en voces argentinas de Francisco Luís Bernárdez y González Carbalho; Las catedrales gallegas de Jesús Carro; Danzas populares gallegas de Francisco Fernández del Riego; La artesanía en Galicia de Filgueira Valverde; Las ciudades gallegas de Ramón Otero Pedrayo. Hablamos de ensayo, pues en poesía sí que se publicaron el Cancioneiro de Eduardo Blanco Amor, Advento de Manuel María, Pranto matricial de Paz Andrade o Maturidade de Pura Vázquez. Seoane aplicó el mismo criterio, pues toda su obra poética está en gallego frente a la obra ensayística en castellano, una manera de proceder que coincide con los inicios del uso de una lengua13, y en parte es lo que estaban haciendo en el exilio14

Casi todos los eruditos de nuestra tierra suponen aún más importante el ensayo sobre la rueda de carro, o sobre una mámoa, que sobre el arte viviente, el que se desenvuelve delante de nuestros ojos. Yo no le quito importancia al ensayo sobre la mámoa, o sobre las inscripciones rupestres, pero esto no puede ocupar exclusivamente a toda una generación como vino ocurriendo, ni ser el motivo principal de nuestras publicaciones más importantes, ni de nuestros centros de estudio. (Carta de Seoane a Fernández del Riego, Buenos Aires 05/02/1948)

Pero Galaxia había asumido el criterio filológico como fundamental para establecer lo que era literatura gallega y lo que no era. Del Riego no mantenía una postura tan firme al inicio, pues su manual Historia de la literatura gallega, publicado en 1951, aunque terminado en 1947, tenía en cada etapa un apartado titulado “Escritores gallegos en castellano”, a excepción del capítulo “La nueva literatura”. Con esta obra había ganado el Premio del Centro Gallego de Buenos Aires y, aunque parecía que se iba a publicar en la ciudad porteña finalmente se editó como manual en Galaxia sin modificar este aspecto, ni siquiera en las ediciones posteriores ya en gallego. De hecho, la publicada en 1975 se amplió y se actualizó con los coetáneos y se introdujeron, ahora sí, escritores gallegos en castellano como Camilo José Cela o Torrente Ballester, por ejemplo. Es realmente curioso este hecho, pues para entonces Galaxia ya había asumido el criterio filológico sin fisuras. Será el propio Del Riego quien mantendría esa postura ante un escritor emigrado como José Blanco Amor, ganador en varias ocasiones de los Premios del Centro Gallego por obras en castellano y emigrado residente en Buenos Aires:

pero, dígame ¿dónde nací yo? Y si nací donde nací ¿que soy yo? Porque si algo lleva el nombre como sello distintivo es precisamente el que le acuña la tierra en la que ha nacido. Esto es demasiado elemental para que perdamos tiempo en discutirlo. Ese tomo de Ínsula sobre las letras gallegas hubiera sido mucho más interesante si figurasen también Madariaga, Camba, Cela, Fernández Florez, etc. etc., como usted dice. De lo contrario tenemos que apresurarnos a borrar de la lista de escritores gallegos a la Condesa y a Valle Inclán [...] Nadie ignora que Cela, por ejemplo, es gallego. Sin embargo –y la observación es de un argentino con el número de Ínsula en la mano-, se me hizo esta pregunta: “Che, ¿y el autor de La Colmena no es gallego?” Entonces tuve que explicarle las sinrazones que tienen ustedes para excluir a una serie de autores que no harían más que enriquecer el contenido de ese número y el espíritu de Galicia como expresión de cultura y de riqueza literaria. (Carta de José Blanco Amor a Francisco Fernández del Riego, 6/10/1959)

Para Galaxia era importante que se asumiese el criterio filológico dentro de Galicia, pero también fuera. Por esta razón intentaron publicar un monográfico sobre la literatura gallega en las páginas de la revista Ínsula, que además era de continuidad liberal y de resistencia antifranquista. Galaxia intentara hacerlo mucho antes de 1959, que fue el año en el que finalmente se publicó, pero la censura paralizó con anterioridad la salida.

En esta década de los cincuenta hay un esfuerzo importante por asentar este criterio y por difundirlo: artículos, especiales de revistas, pero también una antología poética de gran éxito, desde la época medieval hasta el momento de la confección, asentada en el criterio filológico. No dejaba de ser más fácil apostar por una antología poética que narrativa, por ejemplo, pues este criterio permitía recuperar la lírica medieval y encontrar registros en todas las etapas

No sé si sabes que estoy dando remate a una Antología de la lírica gallega. Pretendo hacer una cosa nueva y rigurosa. Representaré en ella, ampliamente, a nuestros poetas mayores, mientras que para los poetas menores dejaré poco espacio; fuera dejaré, como es lógico, a todos los poetastros que, por el mero hecho de escribir en gallego, no son acreedores a la selección. Veremos si consigo una cosa que resista la lectura de cuantos se interesen por los verdaderos valores líricos. (Carta de Fernández del Riego a Luís Seoane, Vigo 23/12/194815)

¿Cuáles son las recomendaciones de Seoane? ¿Compartía entonces el criterio filológico por el que apostaba la Editorial Galaxia? En la correspondencia no se discute en ningún momento esta posición del interior y simplemente se ofrece información de autores en lengua gallega que están al otro lado del océano.

Para tu antología de la lírica gallega te envío nuevamente los cuatro poemas de Lorenzo Varela y la Muiñeira de Dieste, hechos como prólogo todos ellos a 2 ediciones de libros de grabados mios, Maria Pita e tres grabados medioevales, y Muiñeira, que es a mi juicio lo mejor publicado en América en idioma gallego de poesía en los últimos años. Lorenzo Varela publicó hace cuatro o cinco años Torres de amor poemas en castellano que tuvieron extraordinario éxito en todo el continente. Después publicó diversos libros de crítica de arte y un prólogo magnífico a una antología hecha por él mismo de crítica de arte de Baudelaire Continúa publicando poesía en revistas literarias y creo que ahora tiene en preparación otro libro. Es de Monterroso, Provincia de Lugo, aunque nacido por accidente como muchos otros gallegos en La Habana. Blanco Amor no ha publicado nada en gallego por lo menos desde Poema en catro tempos y su poesía castellana es muy mediocre. Otero Espasandín ha publicado algún que otro poema suelto que trataré de encontrarte. El no guarda nada suyo de poesía porque es un hombre extraordinariamente descontento de lo que hace. (Carta de Seoane a Fernández del Riego, Buenos Aires 25/01/1949)

Curiosamente, Rafael Dieste no aparece en la Escolma, quizás porque solamente tenía una composición y en la antología los autores y autoras aparecen con varios poemas. En la carta que acabamos de citar, Seoane también habla de la obra en castellano de los escritores, pero en ningún momento parece insinuar que deban figurar. Sin embargo, en las editoriales se publicaban tantas obras en gallego como en castellano, pues para buena parte del sector galleguista del exilio la lengua no marcaba la frontera (González, 1994a: 6). Así en Emecé se reedita a Emilia Pardo Bazán, Concepción Arenal, Sarmiento, Murguía, Benito Vicetto o Valle Inclán, incluso por vez primera Las palmas del convento (1941) de Ramón Otero Pedrayo y Veinte cuentos gallegos (1941) de Arturo Cuadrado16. Seoane también publicó las obras en castellano de Rosalía de Castro como En las orillas del Sar o El caballero de las botas azules. Seoane era muy consciente de que más allá del criterio filológico estaba la emigración y la intelectualidad argentina a la que deseaba mostrarle el valor de los autores y de las autoras gallegas. Seoane era muy pragmático y sabía que tenía tres frentes abiertos: la emigración, la sociedad de acogida y el exilio interior, con ellos debía dialogar a tres bandas, por lo que atenerse al estricto criterio filológico hubiera reducido su capacidad de interacción y la incidencia en la sociedad de instalación, en las élites culturales del país de acogida y también en la emigración.

Seoane defiende la publicación de libros en castellano y de temáticas diversas porque la demanda no permitía centrarse solamente en los libros en gallego, era una cuestión pragmática. Como argumenta González-Millán (2002: 9) querer normalizar la situación sociolingüística del gallego desde el exterior era un proyecto quijotesco. Por lo tanto, nuevamente posicionamientos diferentes en la praxis, pero que no fueron motivo de especial conflicto salvo en aspecto tangenciales

Su larga carta –larga, cordial y útil- no me ha convencido en absoluto de que yo no soy un escritor gallego. No contesta usted a algunos tópicos capitales, y en cambio insiste en otros que son perfectamente cuestionables. Pero yo no deseo alterar en usted –y en ustedes- ese concepto. Lo creo equivocado, erróneo y negativo. Galicia no puede excluir a nadie, por razones demasiado obvias. Y ustedes excluyen en vez de sumar. El número de “Ínsula” es fragmentado y pobre, y por eso yo me quejé [...] Pienso en la pobreza literaria de Galicia y me parece que si tuviéramos la generosidad de decir que son gallegos tales y cuales escritores, las letras de Galicia resplandecerían mucho más y el nombre de nuestra tierra podría exhibir ante gentes de otras lenguas su orgullosa y opulenta maternidad. (Carta de José Blanco Amor a Fernández del Riego, Buenos Aires 31/12/1959)

No encontramos esta recriminación en ninguno de los componentes de las dos subredes con las que Galaxia se conectó en Argentina, aunque no actuasen en el país receptor de la misma manera. En el año 1959 se publicó en Buenos Aires Galicia y nuestro tiempo, obra de la autoría de Fernández del Riego y editada en la Editorial Citania de Seoane. En el breve repaso que hace por las tres generaciones más recientes a esa época dice que “Todos contemplan el futuro de la cultura gallega, a través de las posibilidades del idioma” (Del Riego 1959: 30). Por el contrario, en las publicaciones periódicas del exterior en las que participaban los galleguistas, como la revista del Centro Gallego de Buenos Aires, se fue produciendo una deriva bastante evidente hacia el castellano

O idioma, como decote, a eleición. Os temas de divulgación que entresen “pra fora”, que señan en castelán. Non hai que esquecer este feito a cada paso mais magoante: Na cifra total de socios, os galegos xa non chegamos ó 40%. Na aitualidade xa hai dous compoñentes da Direitiva, incluso o Vicepresidente, que son arxentinos; e casi composta por arxentinos, funciona nada menos que a Comisión Sindical. Xa hai quen empeza a marmurar sóbor do gasto de Cultura, e mais nesta época de crisis. Non sei que pasará cando se enteren de que o libro de Cabanillas, custa arredor de 300.000 pesos. [...] Por eso hai que andar con tento. De todos xeitos, mentres eu estea ó frente da revista, respetaráse a decisión dos autores sóbor do idioma que queiran escoller, ¡non faltaría mais! pro sin arroutadas eisclusivistas que veñan a amolalo todo. (Carta de Eduardo Blanco Amor a Francisco Fernández del Riego, Buenos Aires 6/12/1959)

“Arroutadas eisclusivistas”, califica Blanco Amor los comportamientos rígidos en la elección de la lengua. Si los datos que ofrecía en esta carta Blanco Amor eran ciertos, ya casi la mitad de socios del Centro Gallego no habían nacido en Galicia, aunque que el gallego no era una lengua alejada ni ajena, pero aún muchos emigrantes optaban por instalarse en el castellano. No podemos pensar que la colectividad tenía o compartía la misma ideología galleguista y lo peor, ni tan siquiera un mínimo interés cultural. De hecho Seoane se quejaba amargamente de que consiguió con su libro Tres hojas de ruda llegar al público argentino y a los medios intelectuales, pero no a la colectividad17, por lo tanto el problema iba más allá de lo lingüístico en este caso. Es evidente que en este juego había muchos prejuicios lingüísticos en la colectividad emigrada, pero el galleguismo también tenía los suyos, según Blanco Amor

Respecto a las colaboraciones en sí, veo que nuestros autores no se esfuerzan demasiado. Es peligroso el suponer que “se escribe para emigrantes”. Nuestra colectividad, como tú muy bien sabes está trabajada intelectualmente por lo menos a la par de cualquier público selecto de una ciudad gallega. El concepto idílico y patriarcal que refleja el señor Carré en su discurso en la Academia, es absurdo y dejó de ser verdad; y te lo cito como ejemplo de lo que parece ser el estado mental de nuestros escritores cuando se dirigen a nuestro público de aquí. La colaboración de Risco, por ejemplo, es pueril, y la de Fole, llueve sobre mojado por cuanto las noticias que nos da nos las proporcionas tú, mes a mes, más extensas, intensas y mejor dichas. (Carta de Blanco Amor a Fernández del Riego, Buenos Aires 18/03/1958)

Esto contrastaba con el compromiso cada vez más claro del grupo Galaxia como se puede ver en la Escolma de poesía galega IV. Os contemporáneos realizada por Fernández del Riego y que vio la luz en la editora en el año 1955, solo recogía poesías en lengua gallega, sin excepción. En la diáspora la lengua no tenía ese peso, pues vivían inmersos en otra realidad. En lo que si coincidían era en la búsqueda de una cultura moderna, viva, europea, alejada del ruralismo y el folclorismo

No hay paralelo posible entre “esto” [a pintura de Laxeiro] y nuestra literatura, que no acaba de dar el salto equivalente. Nuestro idioma continúa apresado en el módulo rural y paisajista. No hemos encontrado todavía el gallego urbano, el idioma metido, entrometido, en el tema de la ciudad. Yo debí haber escrito mi “Catedral” en gallego. Allí se intenta universalizar el tema gallego, per se, sin proclamarlo ni declamarlo. En todo el libro no se nombra, ni una sola vez, a Galicia, y, sin embargo, su letra rezuma esencia gallega, en el sentido de una diferenciación con lo “novelístico español”. (Carta de Eduardo Blanco Amor a Francisco Fernández del Riego, Buenos Aires 20/08/1951)

No podemos ignorar que en la colectividad, especialmente entre el sector socialista antigalleguista, circulaba la idea de imposición del gallego. Así, cuando llegó Castelao a Buenos Aires, en agosto de 1940, en la visita que realizó a la Federación de Sociedades Gallegas, el secretario de la entidad, Alfredo Baltar, pronunció el discurso en castellano, ante la indignación de los galleguistas que lo increparon verbalmente. En el momento en que Castelao tomó la palabra en gallego dijo que sería bueno que la FSG hablase el idioma de Galicia. Días después Baltar, bajo pseudónimo, no duda en escribir en el periódico Galicia una defensa de su actitud con la acusación de que querían imponer el gallego18. Sin duda los conflictos de interés no pueden dejar de aparecer en cualquier comunidad humana. Es normal que a medida que la cultura evoluciona también lo hace su estructura, evolucionan juntas a través de continuas influencias mutuas. Las comunicaciones crean pensamientos y significados y nuevas comunicaciones de este modo la red se regenera a sí misma.

¿Criterio literario, coincidente?

Cada comunicación crea pensamientos y significados, y eso da pie a nuevas comunicaciones, con lo cual se va gestando una red autopoiésica. Al ser recurrentes las comunicaciones en múltiples bucles de retroalimentación en la red de Galaxia, produjeron un sistema de creencias, explicaciones y valores compartidos que fueron continuamente sostenidos y pactados en nuevas comunicaciones. En este contexto de significado compartido los individuos adquirieron identidades como miembros de la red social y ya hemos visto que hay figuras proteicas como la de Seoane y otras que están, pero no son centrales y no marcan los ritmos ni los discursos. En estos casos siempre se crea un perímetro que no es un contorno físico, sino de expectativas, confidencialidad y lealtad, mantenido y renegociado continuamente por la propia red. Las redes generan nuevas imágenes mentales y las proyectan en el futuro con el que se identifican objetivos y propósitos, se desenvuelven diseños y estrategias, así como se eligen alternativas y se formulan valores y normas de comportamiento. Esto ya lo comprobamos en relación al criterio lingüístico que se negoció y no necesariamente en los mismos términos estratégicos para el exterior y el interior, pero llegaron a un acuerdo en la red para que fuese un valor en sí mismo.

Lógicamente la praxis sociolingüística de los emigrantes y el hecho de estar sumergidos en otra cultura imponía estrategias diferentes, como ya se comentó, pero la nueva imagen social de que la literatura gallega era la que se hacía sólo en lengua gallega no se discute en la red y así se difunde en artículos, manuales, antologías, que asentaron este valor. Encontramos en este relato un rico tejido de relaciones que se mantuvieron durante la dictadura franquista, con un diálogo intenso entre una orilla y otra del Atlántico. Lógicamente, lleno de matices y de tensiones porque, sin duda, había dos imaginarios culturales propuestos, el del galleguismo del interior y el de exilio (González-Millán, 2007) o aún afinando un poco más, entre el galleguismo que encabezaba Seoane y el de Galaxia. Si en el exilio había una voluntad de exponer la experiencia, de revivir el trauma de la dispersión, en el interior se apostó por otras vías literarias que fuesen sostenibles bajo la dictadura. Así en el exilio son abundantes las crónicas, los relatos, los poemas que tienen como punto de inspiración la tragedia de la guerra: Fardel de eisilado (Ediciós Ánxel Casal, Buenos Aires: 1952) de Luís Seoane; Non agardei por ninguén (Citania, Buenos Aires: 1957) de Ramón de Valenzuela; Lonxe (Botella al Mar, Buenos Aires: 1954) de Lorenzo Varela. Son solo tres ejemplos, de los más destacados, pero hubo otros, lo que evidencia era la necesidad de airear las heridas y también de mostrarlas. Según González-Millán (2002) hay una serie de características que son comunes a esta apuesta literaria: la dualidad del espacio-tiempo (aquí/allí, antes/después), la conciencia nacional frustrada en el país de origen y su revisión en el exilio, la huida que aguarda retorno y un horizonte utópico que permite trabajar y no rendirse.

Es importante aclarar que este tipo de apuestas no eran viables en Galicia debido a la censura. Así Luís Seoane le mostró a Del Riego su interés en que los poemas de Fardel de eisiliado pudiesen ser leídos en Galicia, pero este lo informa que solo pudo haber un envío bajo cuerda, es decir, entre las personas afines. Al mismo tiempo, manifestaba su pesar por no poder hacer una reseña en los medios, puesto que no parecía recomendable airear un libro de claro componente social19. En este punto es preciso recordar el control político que se ejerció sobre la red, con la finalidad clara de eliminarla, neutralizarla o dejar que fuese operativa. Las sanciones, la censura, las amenazas, los boicots, la cadena, fueron mecanismos coercitivos ejercidos sobre determinados elementos de las redes, con los que se pretendía eliminarlas. Sin duda, si olvidamos esto no haremos un análisis correcto de las dinámicas discursivas.

Seoane estaba en el exilio con un discurso cultural que lo enfrentó a Piñeiro, el director literario de la Editorial Galaxia. Sin duda ellos dos eran, a un lado y otro del Atlántico, los que establecían los marcos del canon literario gallego. Una situación tan indeseada como una guerra y una posterior dictadura hacían que ambos se considerasen los herederos del proyecto galleguista, pero en realidad quizás ninguno de los dos podía restaurarlo de todo. Lo que parece claro es que Piñeiro representaba en esta red el nodo principal que establecía el discurso literario a imponer.

Piñeiro reaccionó de manera muy dura a la propuesta estética que le había enviado Seoane con el texto La soldadera, porque la suya era otra posición, por ello se produce una lucha por administrar y establecer el campo, también por la orientación y los presupuestos estéticos de este. Había en ambos dos enfoques muy distintos de la canonicidad del campo cultural gallego y también dos prácticas diferentes, la de Seoane más afín al marxismo, al materialismo histórico, y la de Piñeiro basada en una fenomenología existencial.

Seoane escribió su primera obra teatral, publicada en castellano en la Editorial Ariadna en 1957, y no dudó en enviársela a Ramón Piñeiro en procura de su sincera opinión. Esto también es importante, porque indica que Seoane necesitaba contar con el juicio del hombre que marcaba el discurso, que poseía autoridad.

La soldadera se ambienta en la llegada de los irmandiños a Compostela encabezados por Rui Xordo, pero según González (1994: 103), no se trata de teatro histórico sin más, puesto que se presenta como una lectura en clave de presente en donde se habla de impuestos o del empobrecimiento de los campesinos y finaliza con una llamada contra el régimen. Por lo tanto, una vez más Seoane escribía un texto comprometido con las claves que manejó siempre como creador.

En realidad debemos remontarnos unos meses atrás para entender bien la reacción de Piñeiro. Seoane había publicado en Galicia Emigrante dos editoriales que le desagradaron: en el número de mayo de 1957 “El exiliado y el perro” y en el de agosto-septiembre de ese mismo año “Querubines en el bestiario”. En el primero Seoane se lamentaba amargamente de la distancia, del tiempo transcurrido y en esas circunstancias critica que desde el interior se les pida prudencia

¿Saben los más jóvenes de Galicia y de esos otros países de la península, los que no sufrieron la guerra, lo que esto significa? ¿Lo saben los estudiantes? ¿Se lo dicen acaso aquellos que son nuestros hermanos, que viven allá y que nos conocen? Nuestra historia puede ser una historia para ser contada, de fantasmas o de desaparecidos. [...] Algunos aquí y allá, nos dicen, sed prudentes, ¿pero es que 7.000 días con sus 7.000 noches gastados en la desesperación y en la esperanza, una y otra contradiciéndose, pueden aconsejar prudencia? (Galicia Emigrante 28, 1957:1)

En el segundo se pregunta quién defiende a los campesinos, a los marineros y hace una crítica a la intelectualidad que apostaba por el adorno y no por la poesía social como hizo Rosalía, la Rosalía de Cantares, claro. Piñeiro en correspondencia con Fernández del Riego se manifiesta molesto con estos ataques que siente como dirigidos a él y quizás fuese así, porque era el que administraba los discursos literarios en la red. La relación de subordinación de Del Riego es evidente cuando se pone a disposición de Piñeiro para que él trace la estrategia de actuación, teniendo en cuenta su estrecha relación con Seoane

Por outra banda, aparez agora isa saída de tono de Seoane. O asunto prodúxome unha tremenda indignación. Debemos pensar, asisadamente, o que hemos faguer. Incluso si eu lle debo escribir de xeito particular i en que forma. Por alto se non pode pasar a cousa. (Carta de Fernández del Riego a Ramón Piñeiro, Vigo, 22/10/1957)20

Y efectivamente Piñeiro diseñó la táctica de actuación del grupo, en la que entendió que lo más acertado era guardar silencio, aunque mostrase su descontento ante Seoane cuando le pidió opinión sobre su pieza teatral, dejándole claro que no había olvidado este asunto. Para Piñeiro era evidente que en el interior no estaban anestesiados contra la realidad, si no que esta se les imponía21

Hoxe pola mañán tiven carta do Seoane, resposta á que eu lle escribín agradecéndolle o envio de La Soldadera. Aproveitei a oportunidade pra lle decir unhas cousas axeitadas ó editorialista de G. Emigrante. Como eu agardaba, acusou o golpe de contado i escríbeme unha longa carta na que trata de se refendar e de atacar, inda que, no fondo, con máis respeto do que cabía agardar das suas arroutadas coléricas. (Carta de Piñeiro a Fernández del Riego 19/02/1958)

Tenía razón Piñeiro, Seoane se sintió herido, quizás en este sentimiento de transterrado que había luchado por mantener la cultura en el exilio forzoso, que había roto con el silencio de la nación perseguida en el interior y que no sentía el suficiente apoyo, sino un cuestionamiento constante en una lucha por dirigir el discurso literario

Confidencialmente te confieso que por mi parte estoy muy desanimado con respecto a todo eso. Todo me está pareciendo inútil. Con Piñeiro acabamos de cruzarnos cartas agrias, –aquí viene lo confidencial que deposito en tu amistad– iniciadas por él con el pretexto de mi pieza de teatro y con motivo de la revista. Hace diagnósticos con una ligereza poco digna de su prestigio de hombre estudioso y reposado, cuando no queda mudo tomando una actitud desdeñosa que no le corresponde. Con referencia a mí confirma mi desconfianza de que no fuese tratado igual que lo fué Baltar si llegase a ir a esa. Piñeiro supone filiaciones que aquí no compartimos y con respecto a mí se olvida de toda una historia de 20 años de servicio a una causa y a la amistad. Olvida además de cuanto hice por él mismo en muchos casos en que fui consultado o en que tuve que proponer gentes de esa. Lo olvida y me pasa la cuenta de lo que él hizo, según dice, porque conociesen mi obra en Galicia. Es todo muy bajo y repugnante. Desde luego ayuda a sacarme las ganas de pensar siquiera en la posibilidad de regresar nunca, ¿para qué? Si la gente joven está hecha en cuanto a carácter a su imagen lo lamento hondamente por esa generación gallega y me hace más orgulloso de la nuestra, más inquieta, menos resabia, menos prudente y más fecunda a pesar de todas las dificultades porque pasó. Esas cartas son de su parte un verdadero autorretrato. Siento mucho escribirte esto, pero tengo que decírselo a alguien porque me duele. (Carta de Seoane a Fernández del Riego, Buenos Aires 15/05/1958)

Este fragmento largo de la carta es muy interesante, pues no fue extractado en ninguno de los análisis de la polémica y con su lectura somos capaces de ver las relaciones entre unos y otros. Como se desprende no son en horizontal, por eso es muy interesante el análisis desde la complejidad, pues cada agente suma de una manera diferente en las relaciones y la suma de las partes siempre es más que la individual. Del Riego tiene un papel más cordial pero el poder, la opinión determinante que marca el discurso es la de Piñeiro.

Más allá de los tira y afloja, a nosotros nos interesa la apuesta literaria que hay detrás de cada posición. Había dos relatos diferentes, según Casas (2011: 333) estaría por una banda la propuesta de Seoane que bebía de la historia, como la pieza teatral, de la memoria colectiva, y, por otra, la de Piñeiro que caminaba por lugares más próximos a la antropología, a la fantasía de corte etnográfico. Piñeiro despreciaba el “realismo socialista” que defendía Seoane, “el arte comprometido”. También es cierto que independientemente de la lucha entre dos modelos culturales, lo cierto es que en el interior no podían asumir un texto de esas características para publicar o para representar. Con todo, no es menos verdad que el exilio, Seoane muy especialmente, tuvo un sentido mucho más amplio de la cultura, arriesgó más en la confluencia de las artes, buscó el diálogo intercultural, etc., frente al galleguismo del interior que fue mucho más reticente a la vanguardia, a aquello que se desviase de la continuidad marcada por la Xeración Nós.

En esa capitalización del discurso Piñeiro se mostró a la defensiva, algo que no es habitual en su correspondencia, y en sus respuestas aparecen frases moralizantes y de descrédito para la otra parte, cuestionando que sepan lo que pasa en el interior y recomendándoles “Canto máis teñades esto en conta menos vos equivocaredes ó xuzgar as cousas de aquí”22. Piñeiro se muestra cansado de los cuestionamientos del exilio, creía que eran poco realistas en relación con las posibilidades de actuar bajo el franquismo, y, cuanto a Seoane y a su grupo, los consideraban (con o sin razón) afines al Partido Comunista. En este debate, los argumentos estéticos y éticos son muy importantes, pensemos en los debates Camus / Sartre, pero también los referentes al realismo socialista.

Seoane no renuncia nunca a intervenir en el campo cultural gallego desde la posición en la que estaba y por eso, en su respuesta, cuestionó a Piñeiro recordándole que algunas de las mejores páginas de la literatura gallega del siglo XIX tenían temática social y de esta manera también se desmarcaba de las posibles filiaciones marxistas que podía ver Piñeiro en esta postura. No dudaba tampoco en relativizar la polémica escribiéndole “ti nin eu non poseémos a verdade absoluta”23, por lo tanto este debate de ideas no pasó de ahí.

Las relaciones de poder están crucialmente definidas por acuerdos sobre posiciones de autoridad y a medida que la comunidad crece y se incrementa su complejidad, el número de sus posiciones también crece. Por eso, las discrepancias no impidieron que siguiesen teniendo relación, de hecho ya en la última carta Seoane invitaba a Piñeiro a retomar la “cordialidade que nunca nos separou e a matinar que as rifas prodúcense por mal entendidos entre xentes que se estiman e queren”.

Es innegable el esfuerzo por construir una cultura propia, en gallego, a un lado y otro del Atlántico y el apoyo que recibió en los primeros años la Editorial Galaxia para poder mantener proyectos o sacar adelante otros. Parece evidente que todos intentaron sobrevivir ética, política e intelectualmente en el medio de la barbarie, unos por vivir bajo una dictadura y otros por hacerlo lejos del lugar de origen, del lugar deseado.

Conclusiones

Galaxia conformó una red con un proyecto para afirmar la idea de una nación con herramientas argumentativas, pedagogía e ideología para que fuese asumida por la sociedad. En un momento en que la política activa no era una posibilidad, una parte del galleguismo entendió que era fundamental mantener la idea de nación o revitalizarla a través de la literatura, que en realidad había servido para la constitución de otras naciones en Europa. Poseer una literatura propia suponía mucho más que tener un conjunto de textos en una lengua para difundir entre la sociedad, que sería la idea más generalizada del concepto.

Ramón Piñeiro y Francisco Fernández del Riego son los nodos más destacados de la red, por la información y por la autoridad conferida, pero es importante mostrar que hay muchos nombres que la red compleja que llamamos Galaxia. En Buenos Aires Seoane era un nodo muy destacado, como lo demuestra la correspondencia que mantuvo con Fernández del Riego y la colaboración constante y bidireccional entre ellos. También se relacionaba con Piñeiro, a pesar de su desencuentro porque Seoane apostaba por un arte comprometido, concretamente en el texto La soldadera. En este cruce de impresiones hubo una pugna por la autoridad, pues Seoane era el gran dinamizador del repertorio cultural gallego en la diáspora y Galaxia cumplía ese papel en Galicia. Seoane intentó intervenir en el campo cultural gallego desde el exilio con una apuesta que chocaba con la de Galaxia, por lo tanto allí se confrontan dos repertorios y dos posiciones.

En el fondo lo que encontramos son dos prácticas políticas y culturales diferentes, porque Seoane pensaba en términos casi utópicos de la cultura pública, mientras que Piñeiro no podía hacerlo por ser consciente de un campo cultural en estado de excepción, que no posibilitaba el debate público ni el contraste libre de posiciones. Es importante no ver esta variedad de repertorios como una anomalía. Lo normal es que haya discursos diferentes que se asumen, o no, por la red, después de ser consensuados, aunque en ocasiones puedan ser puestos en cuestión, entonces, si la red tiene la suficiente autoridad, resuelve de una manera o de otra la divergencia. Es lo que acontece con el criterio filológico, el escogido por la red como instrumento para delimitar el espacio nacional, que se negocia de manera diferente en Galicia que en el exterior.

Las cosas mudaron a partir de mediados de la década de los sesenta, por un lado Argentina no gozaba del poder económico anterior, por otro, la emigración había cambiado mucho, pero también las circunstancias en el interior eran diferentes. El esfuerzo de ayudar económica y humanamente a la Editorial Galaxia en sus inicios hizo posible que el proyecto se mantuviese y ganase en dinamismo y en frescura con el aporte de los emigrados y exiliados gallegos en Argentina.


Notas

1 La primera organización fue la siguiente: Ramón Otero Pedrayo, presidente, Manuel Gómez Román, vicepresidente, Xaime Isla Couto, consejero-delegado, y Francisco Fernández del Riego, secretario; Sebastián Martínez-Risco, Xesús Ferro Couselo y Antonio Fernández López, vocales.

2 Seoane fue el gran animador cultural de Buenos Aires. Junto a Arturo Cuadrado creó Emecé editores, en 1940, con las colecciones “Dorna” y “Hórreo”; en 1944, nacía la Editorial Nova, con las colecciones “Pomba” y “Camino de Santiago”. A través de ellas publicarán más de 50 títulos como Aires da miña terra de Curros, Los precursores y Diego Gelmirez de Murguía, las cantigas de Macías O namorado, De catro a catro de Manuel Antonio o el Cancioneiro galego popular de Pérez Ballesteros. A finales de los años 40 funda Botella al Mar, en la que publicarían Lonxe, de Lorenzo Varela y Seara de romances, de Eliseo Alonso. Seoane también impulsó las editoriales Atlántida y Citania, que tuvieron como primeras publicaciones Grandeza y decadencia del reino de Galicia, de Emilio González López; una novela y dos obras de teatro de Ramón Valenzuela y Díaz Pardo respectivamente. Además, con Núñez Búa y Sánchez Guisande organizó una entidad que se llamó Amigos del Libro Gallego, con la finalidad principal de editar algunos libros gallegos al año y distribuir los que se editaban en Galicia.

3 Todas las cartas dirigidas a Francisco Fernández del Riego que se transcriben en este artículo, se encuentran depositadas en la Biblioteca Francisco Fernández del Riego, situada en la Casa Galega da Cultura, en Vigo.

4 La documentación sobre la Editorial Galaxia está depositada en la Fundación Penzol y se puede consultar en su sede en Vigo.

5 Normalmente los galleguistas visitaban Buenos Aires, pero también Montevideo, en donde contaban con la Casa de Galicia, con más de 45.000 socios, o el Centro Gallego, con aproximadamente 2.000 gallegos.

6 Carta del Centro Gallego a Fernández del Riego, Buenos Aires 04/01/1949. Está firmada por Constantino Francisco, secretario, y Manuel Limeres, vicepresidente.

7 Documentación encontrada en el Archivo Francisco Fernández del Riego.

8 Carta del Centro Gallego de Buenos Aires a Del Riego, Buenos Aires 31/12/1950.

9 Del Riego primero dice renunciar porque le encomiendan la representación del Centro Gallego en un acto de la Federación Mundial de Sociedades Gallegas que iba a tener lugar en Ourense, y entiende que tendrá que colaborar con organismos oficiales y sería salirse de su línea de conducta, pero lo cierto es que la ruptura con el Centro Gallego estuvo motivada principalmente porque estaba informado de que el nuevo presidente, Ramón Mourente, tenía una línea oficialista con el régimen franquista y Del Riego quiere distanciarse, también por lealtad a las amistades en la diáspora. Así terminaban casi veinte años de colaboración, en un momento en el que también es cierto que el poder económico y social de Argentina y de los emigrados era muy diferente.

10 Documento fechado el 11/07/1954.

11 Documento de la Biblioteca Francisco Fernández del Riego.

12 El libro sobre Antón Villar Ponte, Pensamento e sementeira. Leiciós de patriotismo galego, fue publicado por el Centro Gallego de Buenos Aires en 1971, muchos años después de ser concebido.

13 El proceso del idioma gallego sigue bastante bien la retícula de Kloss que establecía las siguientes fases, como ha indicado Monteagudo (1999: 298): una primera de publicaciones populares y próximas a la oralidad, una segunda caracterizada por literatura próxima a estos modelos populares, primero en verso y después en prosa, una tercera en la que se cultivan géneros de ficción, una cuarta en la que aparecen los ensayos, primero de carácter divulgativo y después de tema humanístico o nacional, hasta aquí llegaría el esfuerzo de la Xeración Nós, y una etapa final de cultivo del ensayo científico de primer nivel, que en gallego se dará aún a partir de la década de los 60/70.

14 De manera más demorada trató el tema H. González (1994b: 73-86), Alonso Montero (1995) y Monteagudo (1995).

15 La correspondencia recibida por Luís Seoane se puede consultar en la web del Consello da Cultura Galega, en el siguiente enlace http://epistolarios.consellodacultura.gal/seoane.php

16 Arturo Cuadrado y Seoane abandonan Emecé porque el editor se negó a publicar Torres no ar, el poemario de Lorenzo Varela, al considerarlo comunista. Véase González (1994a:6).

17 Carta de Seoane a Fernández del Riego, Buenos Aires 02/12/1948.

18 Véase Hernán M. Díaz (2007: 102).

19 Carta de Fernández del Riego a Seoane, Buenos Aires 18/01/1952. Creemos que el año está equivocado ya que se habla del libro ya publicado, por lo que posiblemente sea de 1953.

20 La correspondencia a Ramón Piñeiro puede consultarse en la Fundación Penzol.

21 La primera carta de respuesta de Piñeiro a Seoane está datada el 30/01/1958, si bien los borradores pueden consultarse en las páginas de Grial de 1991.

22 Carta de Ramón Piñeiro a Seoane, Santiago 30/01/1958.

23 Carta de Seoane a Piñeiro, Buenos Aires 11/02/1958.


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