Olivar, vol. 17, nº 25, e001, junio 2016. ISSN 1852-4478
Universidad Nacional de La Plata.
Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación.
Centro de Estudios de Teoría y Crítica Literaria

 



PRESENTACIÓN / PRESENTATION


Presentación

 

 

María Rosa Lojo

Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas
Universidad de Buenos Aires
Universidad del Salvador
Argentina


Cita sugerida: Lojo, María Rosa (2016). Presentación. En M. R. Lojo (ed.), Galicia en la Argentina: una identidad transatlántica. Olivar, 17 (25), e001. Recuperado de http://www.olivar.fahce.unlp.edu.ar/article/view/OLIe001

 

 

Hablar de la construcción de la identidad argentina es hablar de la identidad gallega. En algún momento, al decir de Ernesto Sábato, Buenos Aires fue “la ciudad gallega más grande del mundo” (2008, 146)1. Por algo se la llamó también “la quinta provincia”, en paralelo con las otras cuatro de la Galicia peninsular: A Coruña, Lugo, Ourense y Pontevedra. El colectivo gallego es el más numeroso de la inmigración española (la segunda después de la italiana). Si bien en los inicios de la conquista y colonización ibéricas los apellidos de Galicia fueron relativamente escasos (Farías, en este dossier), más tarde, en el siglo XVIII, comenzaría la migración masiva y llegarían, no solo funcionarios, clérigos o comerciantes, sino hombres y mujeres de todas las capas sociales y, en especial, de los estratos populares, dispuestos a todos los desafíos y rigores del trabajo.

Sin embargo (Lojo, en este dossier: “La Argentina y su criptoidentidad gallega”), el reconocimiento del aporte étnico y cultural de Galicia en su completa magnitud, como pilar fundante de la Argentina actual, no guarda relación con su efectiva incidencia en la composición de nuestra sociedad. Varios factores seguramente contribuyen a explicar esta situación: uno de ellos es la carga insultante y discriminatoria que el gentilicio “gallego” traía ya desde la España del Siglo de Oro, y que se traslada a la Argentina. Incluso los más ilustrados y pudientes habían tenido que renunciar al uso oficial de su propia lengua2 bajo la dominación castellana y el germen del auto-odio se hallaba instalado internamente, aun en las esferas medias y altas de la comunidad.

En los tiempos de la Independencia, “gallego”, con toda su connotación peyorativa, se aplica indistintamente a todos los españoles, a la manera, diríamos, de una paradójica venganza. Si bien el estereotipo peninsular pierde en el cruce transoceánico algunos de sus rasgos negativos y adquiere otros positivos (honradez, laboriosidad, lealtad), los inmigrantes de Galicia figuraban, dentro del imaginario, en los lugares más bajos de las “jerarquías” migratorias, como señala zumbonamente Arturo Jauretche (Lojo, Guidotti y Farías, 2008: 105 y ss.). El rechazo de la herencia hispánica por parte de la generación del ’37 se prolongó largamente después de la Guerra de la Independencia, e incluso cuando aparecieron las reivindicaciones hispanizantes de los primeros nacionalistas, en los comienzos del siglo XX, la mayoría (salvo el caso de Ricardo Rojas) no incluyó a Galicia en su recorrido geográfico y/o reflexivo de la Madre Patria. Los propios gallegos, por otra parte, con el legítimo afán de ascender socialmente, abandonaron bastante rápidamente su lengua (juzgada desde fuera como un castellano defectuoso, o a lo sumo, como un dialecto) y prefirieron difuminarse en el colectivo español. Las actitudes reactivas de sus élites intelectuales no incidieron demasiado en esa autopercepción diglósica y en la baja autoestima cultural.

Las representaciones de la colectividad en el teatro y la literatura argentinos, por otra parte, se tensionan entre la aceptación, la valoración, el asentimiento a las facetas ya positivas o ya negativas del estereotipo, o bien, la superación de los rasgos estereotipados en personajes que adquieren densa envergadura humana, así como funciones y roles no previstos por la tipificación.

El estudio de Marina Guidotti en este dossier (“El estereotipo del “gallego” en el género chico criollo”), trabaja sobre las populares representaciones de los gallegos en las obras del llamado “género chico” o sainete criollo (de 1890 a 1940), que fueron compuestas por dramaturgos a menudo muy destacados, con destino sobre todo a un público compuesto también de inmigrantes. Guidotti advierte que, si bien es frecuente la presencia de los aspectos negativos del estereotipo (incultura, avaricia, terquedad, y otros) –en ellos se basaba la comicidad que el sainete como entretenimiento presuponía—, sin embargo también se van reforzando valencias muy positivas, construyendo una imagen matizada que conformó no pocas veces personajes complejos. A la ignorancia y tosquedad tantas veces achacada a los gallegos desde la estereotipia peninsular, se contraponen, en algunas piezas destacadas, una sabiduría intuitiva y una profunda sensibilidad.

Las oscilaciones representativas se ven claramente en otras manifestaciones --dice Andrea Cobas Carral-- como la crónica y el aguafuerte. Gustavo del Río y Roberto Arlt presentan en sus relatos de viaje a Galicia testimonios opuestos. Mientras del Río no deja estereotipo negativo sin ratificar, Arlt se complace en socavar prejuicios y supuestas certezas, no solo por la calidad de vida civilizada y la tradición cultural que encuentra en la tierra de su admirada Rosalía de Castro, sino por la relación dialéctica que establece entre la Argentina y Galicia. Ambas, para Arlt, son ya inexorablemente parte la una de la otra. Así como en cada casa gallega son nombres familiares las calles de Buenos Aires, el viajero siente que, al abrir cualquier puerta y salir al exterior, podrá encontrar, en lugar del Archivo del Reyno, la Torre de los Ingleses (“Viajeros argentinos en los años 30: Gustavo del Río y Roberto Arlt cuentan Galicia”).

Que la literatura es, cada vez más, un eficaz instrumento simbólico para desarmar el estereotipo reductor y simplificador coagulado en los famosos chistes, lo demuestra el trabajo de Claudia Amigo, focalizado en dos novelas históricas contemporáneas. Desde la intervención de los gallegos en la temprana historia protonacional (como combatientes en las Invasiones Inglesas), hasta la hibridación de culturas y mitos en la Pampa central (siglos XIX y XX), los héroes y heroínas de las novelas de Pampillo y Lojo analizadas por Amigo, muestran otras maneras de aproximación a una presencia secular y constitutiva de la Argentina misma (“El imaginario gallego en la novela histórica argentina. Aportes a la desarticulación del estereotipo”).

Las identidades argentina y gallega son, en verdad, transatlánticas. Se tejen en la red que tiende la migración. Para los intelectuales galleguistas del exilio republicano, la Argentina ofrece la posibilidad de una Galiza ceibe (una “Galicia libre”): una nación ideal, transoceánica, refugio de la resistencia, donde no existe la mordaza impuesta en la Península por las circunstancias políticas. Una de las figuras clave de esta identidad nómade, sostenida en la migración, es la de Alfonso Rodríguez Castelao (Rianxo 1886- Buenos Aires 1950), que se proyecta a su vez como el generador y defensor de la gran utopía de la galleguidad desde la diáspora. La última década de su vida, que transcurre en Buenos Aires, es abordada aquí por Henrique Monteagudo en un exhaustivo trabajo abocado a facetas menos conocidas de su obra polígrafa y prolífica, particularmente, la oratoria. Monteagudo presenta un completo panorama de la actividad artística y de la actividad política de Castelao, así como sus relaciones dentro y fuera de la colectividad gallega emigrante (como las que establece con otros colectivos del nacionalismo español: los vascos y los catalanes). En esta década, concluye, se forja decisivamente el personaje de Castelao como mito y símbolo, punto de cruce entre la historia (política) y la tradición (cultura) (“Castelao en Buenos Aires, 1940-1950”).

La relación entre la Galicia interior y la exterior continúa siendo analizada por María Dolores Villanueva Gesteira, en su estudio sobre la Editorial Galaxia y la diáspora gallega en nuestro país (1950-1966). Fundada en 1950, Galaxia apuesta por la Argentina (que atraviesa entonces un momento de expansión económica) como su principal destino y también, sustento. El galleguismo político está mermando en favor de una línea sobre todo culturalista, donde Galaxia encontrará un campo fecundo de inserción. Ya desde la década de 1940, de la mano de los exiliados de la II República, había surgido un riquísimo abanico de proyectos editoriales, y culturales en general. Desmintiendo la “rusticidad” del repetido estereotipo, la eclosión intelectual y artística gestada por gallegos que tiene su faro en Buenos Aires, significa un extraordinario legado dentro y fuera de los límites comunitarios. Porque no solo se trata de que Galicia reafirma en estas producciones su identidad ahogada por el régimen franquista, sino que deja semilla en todo el campo cultural argentino, a través de editoriales como Nova y Botella al Mar, o Emecé, donde los nombres de Arturo Cuadrado y de Luís Seoane abren una huella perdurable. Por otra parte, desde la Argentina llega a la Península buena parte del dinero para la financiación de Galaxia, que se propone definir y difundir una literatura gallega. Los debates sobre la lengua de esta cultura y sobre su canon literario; las discusiones entre adalides de la colectividad, como Ramón Piñeiro y Seoane, son nudos de particular interés en este trabajo que explora concienzudamente las conexiones epistolares y la recepción a uno y otro lado del océano (“Las relaciones entre la Editorial Galaxia y la diáspora argentina, una red por tejer (1950-1966)”).

El historiador Ruy Farías, por su lado, se propone un extenso y ambicioso balance de los estudios sobre la migración gallega en la Argentina (“Migraciones y exilios gallegos en la Argentina (ss. XVIII-XXI): algunos comentarios a la bibliografía sobre el tema”) que eclosionaron, señala el autor, sobre todo en las últimas décadas del siglo XX y lo que va del siglo XXI. Farías destaca la multiplicidad de factores (macroestructurales y microsociales) que la bibliografía historiográfica ha ido poniendo de manifiesto para explicar el fenómeno migratorio. Descarta, así, otro estereotipo instalado: el tópico de la “extrema pobreza”, que solía aducirse para justificar la llegada masiva de los migrantes gallegos, y adelanta, en cambio, diferentes hipótesis sobre el crecimiento de un movimiento migratorio que alcanzó su cumbre entre 1880 y 1930: la restricción de las posibilidades de progreso en la reducida economía gallega; la mejora y abaratamiento del transporte; la visión de la Argentina como gran promesa de América del Sur. Las profesiones y oficios ejercidos por gallegas y gallegos fueron tanto más variados, apunta Farías, que los recogidos por los estereotipos. Y resultó notable, por otro lado, la obra de las élites culturales.

Hay aún, concluye Farías, una agenda pendiente de la historiografía (cuyos métodos y fuentes discrimina con rigor): ampliar el área geográfica (hoy centrada sobre todo en la ciudad de Buenos Aires) de los estudios migratorios, así como el área temporal (focalizada en la etapa de inmigración intensiva) y la base empírica representativa de las investigaciones. Por otro lado, la cuestión de la identidad imaginada de las naciones –remata–, nos lleva a los individuos y a los micro grupos: ¿entienden todos la cuestión de la misma manera?, ¿adhieren a las mismas imágenes y discursos?

La identidad en suma, es destino y es también elección. Fatalidad y cruce creativo. Impregnación y modificación. Galicia ha estado presente en la construcción identitaria argentina de maneras poco perceptibles para los grandes centros urbanos y que, quizá no casualmente, vinculan el legado gallego con el de otros desplazados de las imágenes oficiales: los aborígenes. Así ocurre en el Noroeste argentino con la activa devoción del Tata Santiago, fruto de un antiguo mestizaje etnorreligioso por el cual la figura de Santiago Apóstol, Patrón de España, se fusiona con la deidad precolombina Illapa (el Rayo) y se reconfigura como protector numinoso (admirable y temible) de los pueblos nativos.

Hoy día nuevas generaciones nacidas en el país reasumen la cuestión gallega desde ángulos diversos: uno fundamental es la puesta en valor de la lengua y de la literatura (en circuitos como el grupo Lectores Galegos de Bos Aires), que reinstala a Galicia en tanto referente cultural para la Argentina. Pero en cualquier caso, este neo galleguismo ya no es el territorio utópico para una nación irrealizable en la Península, sino una empresa cultural con entidad propia. Una identidad transatlántica que cumple el destino de la diáspora multiplicándose en nuevos y singulares frutos. Los que a su vez, como los puntos luminosos y solo en apariencia dispersos de una constelación, devuelven a Galicia el mapa de una identidad modificada.

Notas

1 “La ciudad gallega más grande del mundo. La ciudad italiana más grande del mundo. Etcétera. Más pizzerías que en Nápoles y Roma juntos. «Lo nacional.» ¡Dios mío! ¿Qué era lo nacional?” (2008, 146)

2 Ver en este mismo dossier el trabajo de Claudia Amigo, donde se cita la novela de Gloria Pampillo El héroe que vino a buscarme (2010, 65), en la que se hace referencia a la prohibición del gallego como lengua oficial bajo el régimen de los Reyes Católicos.

 

Bibliografía

Lojo, María Rosa (dir.), Guidotti de Sánchez, Marina y Farías, Ruy, 2008. Los “gallegos” en el imaginario argentino. Literatura, sainete, prensa, Coruña: Fundación Pedro Barrié de la Maza.

Sábato, Ernesto, 2008. María Rosa Lojo (coord.), Sobre héroes y tumbas, Poitiers/ Córdoba: CRLA/Archivos de la UNESCO-Alción.

 

 

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